{"id":15212,"date":"2022-10-03T08:19:43","date_gmt":"2022-10-03T11:19:43","guid":{"rendered":"https:\/\/www.todxs.com.ar\/?p=15212"},"modified":"2022-10-03T08:19:43","modified_gmt":"2022-10-03T11:19:43","slug":"el-ultimo-libro-de-hobsbawm","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.todxs.com.ar\/radio\/el-ultimo-libro-de-hobsbawm\/","title":{"rendered":"El \u00faltimo libro de Hobsbawm"},"content":{"rendered":"<div class=\"post-27030 post type-post status-publish format-standard has-post-thumbnail hentry category-articulos category-cultura-2 category-formacion category-historia category-homecentro category-homecentroprincipal category-ideas tag-historia tag-hobsbawm tag-libro tag-socialismo tag-urss entry\">\n<article class=\"normal\">\n<div class=\"post-header\">\n<p class=\"post-excerpt\">El 1\u00ba de octubre de 2012, hace diez a\u00f1os, fallec\u00eda el historiador marxista Eric Hobsbawm. En <i>C\u00f3mo cambiar el mundo<\/i>\u00a0Hobsbawm escribe para nosotros, la generaci\u00f3n que vino despu\u00e9s de la Guerra Fr\u00eda y que sinti\u00f3 atracci\u00f3n hacia el marxismo sin ning\u00fan tipo de compromiso con la URSS.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Apenas una peque\u00f1a luz al final del pen\u00faltimo cap\u00edtulo, el m\u00e1s oscuro de todos, de la historia del marxismo de Hobsbawm: acaso el lastre del \u00absocialismo realmente existente\u00bb deje de pesar en las espaldas de la \u00faltima generaci\u00f3n y esto nos permita volver a Marx. \u00abHoy solo aquellos que tienen m\u00e1s de treinta a\u00f1os conservan alg\u00fan recuerdo directo de los a\u00f1os de la Guerra Fr\u00eda\u00bb.<\/p>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<div class=\"post-content\">\n<div class=\"initial-letter\">\n<p>La idea de que Marx fue el \u00abinspirador del terror y del gulag, y los comunistas [\u2026] esencialmente defensores, cuando no protagonistas, del terror y de la KGB\u00bb no tiene m\u00e1s validez que \u00abla tesis de que todo cristianismo debe conducir l\u00f3gica y necesariamente al absolutismo papal, o todo darvinismo a la glorificaci\u00f3n de la libre competencia capitalista\u00bb. La mayor\u00eda de los \u00abcomunistas realmente existentes\u00bb en Occidente fueron cr\u00edticos del estalinismo desde 1956 (s\u00ed, lo dice Hobsbawm, quien permaneci\u00f3 en el Partido Comunista Brit\u00e1nico hasta los a\u00f1os 1980, \u00abimpl\u00edcitamente\u00bb alineado con los partidos que defend\u00edan la orientaci\u00f3n de Mosc\u00fa). Pero los anticomunistas siempre encontraron en la idea de que el socialismo significa Stalin y Mao una estrategia ret\u00f3rica efectiva. Es un modo de cambiar el eje cada vez que los socialistas empiezan una conversaci\u00f3n. Pero est\u00e1 claro que a medida que la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica y el Gran Salto Adelante retroceden en la historia, las sombras que proyectan en la idea de una sociedad poscapitalista seguir\u00e1n adelgazando.<\/p>\n<p>Hobsbawm no tiene la misma fortuna. El\u00a0<i>Guardian\u00a0<\/i>decidi\u00f3 lanzar a Nick Cohen, apologista de la guerra de Irak, contra\u00a0<i>C\u00f3mo cambiar el mundo\u00a0<\/i>y termin\u00f3 con\u00a0un cuarto de rese\u00f1a\u00a0y tres cuartos de l\u00edneas recalentadas como: \u00abSi Hobsbawm hubiera seguido la l\u00f3gica de sus convicciones y hubiera abandonado la Alemania nazi para pedir asilo en la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica en vez de en Gran Breta\u00f1a, sus chances de sobrevivir habr\u00edan sido escasas\u00bb. En una \u00abrese\u00f1a\u00bb del\u00a0<i>Monthly\u00a0<\/i>de Australia, John Keane menciona el libro de Hobsbawm tres veces, dos para quejarse de cosas que no escribi\u00f3, como \u00abla fijaci\u00f3n anticuada de Marx en la conquista de la naturaleza por medio del trabajo, su fracaso para comprender el rol constitutivo del lenguaje en los asuntos humanos y su reivindicaci\u00f3n equivocada de que el materialismo hist\u00f3rico era una ciencia como la de Darwin\u00bb, adem\u00e1s del \u00abhecho de que I\u00f3sif Stalin solo mat\u00f3 m\u00e1s comunistas que todos los dictadores del siglo veinte juntos, o de que el marxismo condujo pa\u00edses enteros a la miseria\u00bb.<\/p>\n<p>Estos ataques son hirientes en el caso de Hobsbawm. Probablemente las personas que leen con inter\u00e9s una historia del marxismo tienen cierto compromiso y comparten hasta cierto punto su pol\u00edtica. Pero como destac\u00f3 Perry Anderson a prop\u00f3sito de la autobiograf\u00eda de Hobsbawm, desde\u00a0<i>La era de los extremos\u00a0<\/i>que el ingl\u00e9s tendi\u00f3 a escribir como si estuviera explicando o disculp\u00e1ndose por su pol\u00edtica ante una audiencia de liberales del\u00a0<i>establishment<\/i>. Hobsbawm sent\u00eda cierto orgullo cada vez que la prensa repet\u00eda su discurso sobre \u00abla vuelta de Marx\u00bb, sobre que Marx predijo la \u00abglobalizaci\u00f3n\u00bb, o la crisis financiera mundial, o la ca\u00edda del comunismo. De hecho, el primer cap\u00edtulo de\u00a0<i>C\u00f3mo cambiar el mundo\u00a0<\/i>est\u00e1 basado en un discurso de Hobsbawm registrado en el\u00a0<i>New<\/i>\u00a0<i>Statesman<\/i>\u00a0en 2006 bajo el t\u00edtulo \u00abThe New Globalisation Guru?\u00bb. Termina el ensayo final (originalmente una conferencia pronunciada en 1999) diciendo que tanto los socialistas como los neoliberales \u00abtienen inter\u00e9s en volver a un pensador fundamental cuya esencia es la\u00a0<i>cr\u00edtica\u00a0<\/i>tanto del capitalismo como de los economistas que no lograron reconocer ad\u00f3nde conducir\u00eda la globalizaci\u00f3n capitalista\u2026\u00bb. Pero los liberales son una audiencia desagradecida y piensan que las esperanzas pol\u00edticas que definieron la vida de Hobsbawm son en el mejor de los casos una estupidez, y es una verg\u00fcenza arrodillarse ante ellos.<\/p>\n<p>Por suerte, en la mayor\u00eda de los ensayos de este libro Hobsbawm tiene en mente a los marxistas y a sus compa\u00f1eros del pasado y del futuro. Hasta cabe pensar que Hobsbawm escribi\u00f3 en parte para nosotros, la generaci\u00f3n que vino despu\u00e9s de la Guerra Fr\u00eda y que sinti\u00f3 la atracci\u00f3n de Marx y de los distintos tipos de marxismo sin ning\u00fan tipo de compromiso con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, y que en ning\u00fan caso podr\u00eda ser acusada de tener una conciencia culpable en relaci\u00f3n con Stalin o con Mao. As\u00ed como Hobsbawm, nacido en 1917, recuerda con sorpresa haberse encontrado con Gorbachov en una publicidad de Pizza Hut, nosotros vivimos con bastante extra\u00f1eza el hecho de recibir esta transmisi\u00f3n de alguien que hizo su experiencia pol\u00edtica en 1936 con el Frente Popular en las calles de Par\u00eds. Una generaci\u00f3n m\u00e1s viejo que los estudiantes radicalizados de los a\u00f1os 1960, Hobsbawm mantuvo mucha m\u00e1s distancia de la Nueva Izquierda que sus casi contempor\u00e1neos del marxismo brit\u00e1nico, E. P. Thompson y Raymond Williams, a quienes sobrevivi\u00f3 muchos a\u00f1os. Su mensaje viene m\u00e1s de la vieja izquierda, del clasismo de 1936, pero tambi\u00e9n, parad\u00f3jicamente o no, de la camada de los a\u00f1os 1980 de\u00a0<i>Marxism Today<\/i>, que criticaba por derecha el laborismo de Tony Benn.<\/p>\n<p>Terry Eagleton destac\u00f3 en la\u00a0<i>London Review of Books\u00a0<\/i>que Hobsbawm escribe sobre la historia del marxismo tan desapasionadamente que ser\u00eda dif\u00edcil descubrir por medio de la lectura que fue un partidario de su pol\u00edtica. Es una ventaja: lejos de la celebraci\u00f3n,\u00a0<i>C\u00f3mo cambiar el mundo\u00a0<\/i>es un intento honesto de evaluar las debilidades y las conquistas del marxismo. En este sentido, concluye sin rodeos:<\/p>\n<p>Los textos \u00abcl\u00e1sicos\u00bb no se dejan usar f\u00e1cilmente como manuales de acci\u00f3n pol\u00edtica, porque los movimientos marxistas de hoy \u2014y probablemente los del futuro\u2014 est\u00e1n en situaciones que tienen poco en com\u00fan (salvo accidentes hist\u00f3ricos temporarios y ocasionales) con aquellos en los que Marx, Engels y los movimientos socialistas y comunistas de la primera mitad de este siglo elaboraron sus t\u00e1cticas y estrategias.<\/p>\n<p>La primera mitad del libro trata sobre estos textos cl\u00e1sicos y recopila muchos de los ensayos que Hobsbawm escribi\u00f3 entre los a\u00f1os 1960 y los 2000 sobre las obras de Marx y Engels. Son textos con mucha ex\u00e9gesis, pero la del tipo inf\u00e9rtil que trata a los textos como un universo en s\u00ed mismo, completo y autocontenido. El objetivo es siempre historizar y contextualizar, y, en la medida en que es posible en el campo saturado de la marxolog\u00eda, el an\u00e1lisis arroja ideas nuevas. Por ejemplo, en un estudio sobre la influencia de los socialistas ut\u00f3picos, Hobsbawm argumenta que tuvieron una influencia duradera en Marx y Engelos, que no los abandonaron despu\u00e9s de la cr\u00edtica del\u00a0<i>Manifiesto\u2026<\/i>, sino que en cierto sentido profundizaron su estudio en los escritos de madurez. Fourier es un elemento importante en\u00a0<i>El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado\u00a0<\/i>de Engels, y \u00abest\u00e1 claro que el joven Engels [\u2026] est\u00e1 menos impresionado por los saintsimonianos que el Engels maduro\u00bb.<\/p>\n<p>En uno de los cap\u00edtulos m\u00e1s importantes de esta parte, \u00abMarx, Engels y la pol\u00edtica\u00bb (publicado originalmente en italiano en 1982), Hobswbawm enfatiza los cambios en las ideas de Marx y Engels a lo largo del tiempo y los cambios que produjeron en sus estrategias pol\u00edticas: desde el optimismo de las revoluciones y contrarrevoluciones de 1848, pasando por el pesimismo sobre las perspectivas inmediatas de la revoluci\u00f3n en los a\u00f1os restantes de la vida de Marx, especialmente despu\u00e9s de comprobar que la crisis de 1857 no hab\u00eda detonado otra oleada de revueltas, hasta el rol de Engels como personaje ilustre en la socialdemocracia alemana. Hobsbawm vuelve a hechos pasados bien conocidos, pero que vale la pena repetir: la ausencia de un dilema entre reforma y revoluci\u00f3n en la perspectiva de Marx; la insistencia desde el\u00a0<i>Manifiesto\u2026\u00a0<\/i>hasta los a\u00f1os 1870 de que los comunistas no deb\u00edan formar sectas pol\u00edticas que los aislaran del movimiento real de la clase obrera; y la anticipaci\u00f3n del largo proceso de transformaci\u00f3n socialista que preceder\u00eda o seguir\u00eda a cualquier revoluci\u00f3n proletaria exitosa, dada la profunda distinci\u00f3n entre un\u00a0<i>Estado\u00a0<\/i>transformado y una\u00a0<i>sociedad\u00a0<\/i>transformada.<\/p>\n<p>Es obvio que Hobsbawm pretende sacar conclusiones que sirvan a las estrategias actuales, aunque tambi\u00e9n hace un gran esfuerzo para destacar la distancia que nos separa de la situaci\u00f3n pol\u00edtica de la \u00faltima mitad del siglo diecinueve, y consecuentemente lo est\u00fapido que ser\u00eda intentar recrear las estrategias de Marx y Engels. M\u00e1s importante todav\u00eda es el hecho de que Marx y Engels no ten\u00edan\u00a0 la experiencia del sufragio universal y no pudieron prever c\u00f3mo har\u00eda evolucionar la estructura del conflicto y del compromiso pol\u00edticos. (Esto tambi\u00e9n revela el anacronismo del ataque de John Keane en el\u00a0<i>Monthly<\/i>, su acusaci\u00f3n absurda de que el apasionado defensor de los cartistas ve\u00eda la democracia parlamentaria como una \u00abcursiler\u00eda burguesa\u00bb, y que el veterano de 1848, exiliado a causa de la reacci\u00f3n continental, era ciego a los \u00abpotenciales males y abusos\u00bb del \u00abpoder concentrado\u00bb). Si hay una idea b\u00e1sica que separa la estrategia marxista de la liberal ut\u00f3pica, sugiere Hobsbawm, es precisamente el reconocimiento de la importancia del contexto hist\u00f3rico y el rechazo del voluntarismo, la creencia de que la sociedad puede ser cambiada simplemente por la moral o por la fuerza de la voluntad.<\/p>\n<p>Los cap\u00edtulos siguientes abordan la recepci\u00f3n de Marx y Engels: uno trata sobre las reacciones victorianas (m\u00e1s medidas y calmas en una \u00e9poca de confianza burguesa) y otro sobre la historia de la publicaci\u00f3n de sus obras. Todo el mundo sabe Marx no termin\u00f3\u00a0<i>El capital<\/i>, que los \u00faltimos libros fueron elaborados por Engels y por Kautsky a partir de borradores y que los\u00a0<i>Manuscritos econ\u00f3micos y filos\u00f3ficos de 1844<\/i>\u00a0y los\u00a0<i>Grundrisse\u00a0<\/i>fueron objetos del siglo veinte, accesibles a muy poca gente antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Pero Hobsbawm hace un trabajo excelente de indagaci\u00f3n en el significado que tuvo este cuerpo cambiante de \u00abcl\u00e1sicos\u00bb en el movimiento, tanto como causa y efecto de los cambios y rupturas que atraves\u00f3 el \u00abmarxismo\u00bb: textos reprimidos, textos olvidados, textos redescubiertos y utilizados como armas ret\u00f3ricas.<\/p>\n<p>Estos cap\u00edtulos funcionan como un puente a la segunda parte del libro que trata sobre la historia del marxismo desde el a\u00f1o 1880 hasta el a\u00f1o 2000. Salvo por un hueco desafortunado \u2014los a\u00f1os cr\u00edticos de 1914 a 1929\u2014 es una historia relativamente unificada. Tres de estos ensayos fueron escritos en el marco del mismo proyecto italiano treinta a\u00f1os atr\u00e1s, y otros completaron la historia hasta abarcar el milenio. Sin embargo, es importante destacar lo que el texto\u00a0<i>no es<\/i>: una historia completa del marxismo como movimiento. M\u00e1s bien, es una historia de la\u00a0<i>influencia\u00a0<\/i>intelectual del marxismo, en la que el movimiento aparece principalmente como un medio a trav\u00e9s del cual se difunden las ideas (aun cuando la suerte y los problemas del movimiento tambi\u00e9n cambiaron el curso de estas ideas). En esta parte del libro, Hobsbawm no concentra sus estudios en el \u00abcomunismo oficial\u00bb de tipo chino o sovi\u00e9tico, especialmente despu\u00e9s de 1945, probablemente porque considera que es est\u00e9ril, una especie de tumba del pensamiento marxista. Por eso estamos sobre todo ante una historia del marxismo en Occidente, aunque Hobsbawm no analiza exclusivamente Europa ni el campo del \u00abmarxismo occidental\u00bb de los fil\u00f3sofos y de los cr\u00edticos literarios. El espectro hist\u00f3rico y geogr\u00e1fico que cubren estos breves ensayos cobra amplitud a expensas de la profundidad de contenido: son bocetos descriptivos m\u00e1s que genealog\u00edas detalladas, aunque ciertas formas revelan m\u00e1s claramente sus contornos miradas desde lejos.<\/p>\n<p>M\u00e1s importante es la amplia brecha que Hobsbawm establece entre el marxismo antes de la Segunda Guerra Mundial y el marxismo de los a\u00f1os 1950 y 1960. En los a\u00f1os 1930, el marxismo tend\u00eda a fundarse en un peque\u00f1o canon de textos cl\u00e1sicos: Marx, Engels, Lenin y una selecci\u00f3n de la Segunda Internacional. Estaba casi totalmente excluido de la universidad y se desarrollaba principalmente en el marco de partidos comunistas intelectualmente autosuficientes. Muchos intelectuales occidentales se unieron a los grupos marxistas disidentes, especialmente a los trotskistas, \u00abpero estos grupos eran tan peque\u00f1os en t\u00e9rminos num\u00e9ricos comparados con los partidos comunistas que eran cuantitativamente insignificantes\u00bb. En cualquier caso, cuando Hobsbawm estaba consolidando su carrera como historiador despu\u00e9s de la guerra, hab\u00eda apenas unas pocas obras \u00abmarxistas o casi marxistas\u00bb de historia escritas en ingl\u00e9s. En los a\u00f1os 1960, el mundo era muy distinto:<\/p>\n<p>A partir de los a\u00f1os 1960, los marxistas intelectuales se sumergieron en un oc\u00e9ano de literatura y debate marxistas. Accedieron a algo as\u00ed como un supermercado enorme de marxismos y de autores marxistas, y el hecho de que en cada caso la elecci\u00f3n de la mayor\u00eda en un pa\u00eds pudiera estar determinada por la historia, por la situaci\u00f3n pol\u00edtica y por la moda no evitaba que fueran conscientes del enorme rango de opciones que ten\u00edan. Este creci\u00f3 todav\u00eda m\u00e1s desde que el marxismo, otra vez a partir de los a\u00f1os 1960, empez\u00f3 a integrarse cada vez m\u00e1s en el contenido de la educaci\u00f3n superior formal, al menos en las humanidades y en las ciencias sociales.<\/p>\n<p>Por supuesto, Hobsbawm estuvo a la vanguardia de esta entrada en las instituciones y fue uno de los historiadores que m\u00e1s contribuy\u00f3 al florecimiento de los enfoques marxistas en su disciplina. Pero , como cabe esperar de alguien que permaneci\u00f3 en el partido despu\u00e9s de 1956, cuando la mayor\u00eda de sus compa\u00f1eros abandonaban el barco, es muy ambivalente sobre esta evoluci\u00f3n del movimiento. Su cap\u00edtulo sobre 1945-1983 retrata el per\u00edodo como un gran florecimiento y como la maduraci\u00f3n del marxismo como fuerza intelectual (aunque reconoce tambi\u00e9n que marc\u00f3 el punto de inicio de su decadencia pol\u00edtica). Los a\u00f1os 1960 multiplicaron tanto a los consumidores como a los productores de literatura marxista a un ritmo \u00abespectacular\u00bb, y en los a\u00f1os 1970 el marxismo emergi\u00f3 como una fuerza en el interior de la mayor\u00eda de las ciencias sociales acad\u00e9micas. Hobsbawm compara este crecimiento radical con 1848: surgi\u00f3 de la nada y desapareci\u00f3 casi instant\u00e1neamente, pero dej\u00f3 tras de s\u00ed mucho m\u00e1s de lo que parec\u00eda en un primer momento. La base social del marxismo en Occidente no era sobre todo intelectual, y la base obrera, donde hab\u00eda existido, estaba desapareciendo.<\/p>\n<p>Nos topamos con una caricatura muchas veces injusta de las v\u00edctimas de la moda te\u00f3rica de los a\u00f1os 1970 de la Nueva Izquierda, y Hobsbawm cita las frases m\u00e1s indignantes de algunos althusserianos \u2014i. e., \u00abel estudio de la historia no solo carece de valor cient\u00edfico, sino tambi\u00e9n pol\u00edtico\u00bb\u2014 mientras decide ignorar a sus pares E. P. Thompson, Raymond Williams y Perry Anderson, que combinaron la investigaci\u00f3n seria con la apuesta de abrir espacios pol\u00edticos fuera de los partidos comunista y laborista. Como sea, no deja ning\u00fan lugar a duda cuando afirma que el marxismo oficial estaba intelectualmente atrofiado y no hab\u00eda vuelta atr\u00e1s:<\/p>\n<p>Tend\u00eda a reducirse a unos pocos elementos simples, casi consignas: la importancia fundamental e la lucha de clases, la explotaci\u00f3n de los trabajadores, los campesinos del tercer mundo, el rechazo del capitalismo o del imperialismo, la necesidad de la revoluci\u00f3n y de la lucha revolucionaria (incluida la lucha armada), la condena del \u00abreformismo\u00bb y del \u00abrevisionismo\u00bb, la indispensabilidad de una \u00abvanguardia\u00bb y cosas por el estilo. Estas simplificaciones hicieron posible liberar el marxismo de todo contacto con las complejidades del mundo real, dado que el an\u00e1lisis estaba dise\u00f1ado para demostrar las verdades anunciadas en su forma pura. Por lo tanto, estas verdades pod\u00edan combinarse con estrategias de voluntarismo puro o cualquier otra que prefirieran los militantes.<\/p>\n<p>En \u00faltima instancia, el destino del marxismo depend\u00eda menos, sugiere Hobsbawm, de los elementos intr\u00ednsecos de su pensamiento que de la decadencia del movimiento obrero: condiciones que no depend\u00edan de las decisiones de los marxistas. El \u00faltimo cap\u00edtulo retoma el balance de la historia intelectual para discutir la relaci\u00f3n entre el marxismo y el movimiento obrero a lo largo del siglo veinte. Marx y Engels nunca anticiparon que el movimiento pod\u00eda integrarse en el marco pol\u00edtico capitalista de manera estable, pero esto tiene mucho sentido en una perspectiva materialista.<\/p>\n<p>En s\u00edntesis, los pa\u00edses (constitucionales) del capitalismo desarrollado, en los que las revoluciones no estaban en la agenda [\u2026] contaban con la presencia de revolucionarios dentro o fuera de los movimientos obreros, pero la mayor\u00eda de los trabajadores organizados, incluso los m\u00e1s conscientes, no eran normalmente revolucionarios aun cuando sus propios partidos estaban comprometidos con el socialismo [\u2026]. Por lo tanto, a comienzos del siglo veinte, nada en los Estados m\u00e1s importantes del capitalismo desarrollado parec\u00eda obstaculizar la simbiosis entre el trabajo y un sistema econ\u00f3mico pr\u00f3spero.<\/p>\n<p>Los comunistas siempre fueron m\u00e1s bien cr\u00edticos internos que dirigentes del movimiento obrero. 1917 pareci\u00f3 hacer entrar la revoluci\u00f3n en el reino de lo posible (y sorprendi\u00f3 incluso a los Webb fabianos), pero de un modo que tuvo consecuencias dram\u00e1ticas en el marxismo occidental: el comunismo qued\u00f3 para siempre asociado con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. Antes de que el viejo marinero lo bajara con su ballesta, el albatros era una se\u00f1al de buena suerte, y \u00abel socialismo realmente existente\u00bb lleg\u00f3 primero como una revelaci\u00f3n. Pero de repente el comunismo se convirti\u00f3 en una sociedad extranjera, con problemas evidentes, y dej\u00f3 de ser solo una promesa de desarrollo penoso pero org\u00e1nico a partir de un capitalismo herido de muerte. Los comunistas empezaron a preocuparse tanto por la geopol\u00edtica como por las perspectivas nacionales de sus movimientos obreros, y estas preocupaciones muchas veces entraban en contradicci\u00f3n. La Gran Depresi\u00f3n lleg\u00f3 con la \u00e9poca heroica del Frente Popular, pero su gloria merm\u00f3 con el pacto Ribbentrop-M\u00f3lotov. Despu\u00e9s de la guerra, toda la secuencia desde 1917 termin\u00f3 siendo una divergencia temporaria de una tendencia de largo plazo: la transformaci\u00f3n del laborismo en un elemento funcional de la sociedad capitalista y de los socialistas \u2014aliados o no con la URSS\u2014 en cr\u00edticos que funcionan en los m\u00e1rgenes, o incluso fuera del movimiento.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, la decadencia del laborismo desde los a\u00f1os 1970 fue un golpe mucho m\u00e1s decisivo para el marxismo en Occidente que la ca\u00edda de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, porque la mayor\u00eda de las ilusiones del \u00absocialismo realmente existente\u00bb hab\u00edan quedado atr\u00e1s hac\u00eda d\u00e9cadas. Hobsbawm no tiene una explicaci\u00f3n muy elaborada de este desplazamiento hacia el \u00abneoliberalismo\u00bb, pero sus consecuencias est\u00e1n claras: cuando hasta las reformas m\u00e1s modestas del capitalismo se convierten en una propuesta marginal, el socialismo se convierte en el margen del margen y pierde ox\u00edgeno.<\/p>\n<p>\u00bfPiensa Hobsbawm que el marxismo tiene un futuro? En un sentido, su supervivencia est\u00e1 garantizada como elementos sustantivo de la tradici\u00f3n cl\u00e1sica de las ciencias sociales acad\u00e9micas. La ciencia social espec\u00edficamente \u00abmarxista\u00bb disolvi\u00f3 en gran medida sus l\u00edmites con otras corrientes, que probaron ser a la vez receptivas de las ideas marxistas y capaces de hacerlas m\u00e1s productivas. No habr\u00e1, y de hecho no deber\u00eda haber, una vuelta al marxismo \u00abcl\u00e1sico\u00bb, que los buenos materialistas hist\u00f3ricos tendr\u00edan que analizar como un producto de su \u00e9poca:<\/p>\n<p>Aun si resurgiera un consenso sobre lo que constituye la corriente principal (o las corrientes principales) del marxismo, es probable que opere a mucha m\u00e1s distancia de los textos originales de \u00ablos cl\u00e1sicos\u00bb que en el pasado. Es poco probable que se vuelva a hacer referencia a estos textos, como se hac\u00eda en el pasado, a la manera de un corpus coherente de teor\u00eda y doctrina intr\u00ednsecamente consistente, como una descripci\u00f3n utilizable de las econom\u00edas y de las sociedades actuales, o como una gu\u00eda directa a la acci\u00f3n corriente de los marxistas. Es probable que la ruptura en la continuidad de la tradici\u00f3n marxista no sea completamente reparable.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro que la supervivencia acad\u00e9mica no sirve de consuelo. \u00bfTiene el marxismo un futuro pol\u00edtico? Definitivamente, Hobsbawm no es optimista. Pero al mismo tiempo deja la impresi\u00f3n de que por m\u00e1s dif\u00edcil que sea imaginar la superaci\u00f3n del capitalismo en el corto plazo, es dif\u00edcil no pensar que el socialismo no estar\u00e1 a la orden del d\u00eda en el largo plazo. Hobsbawm sigue pensando que Marx estaba b\u00e1sicamente en lo cierto en cuanto a la l\u00f3gica del capitalismo: una centralizaci\u00f3n y hasta socializaci\u00f3n crecientes en la organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n combinadas con crisis recurrentes. Solo piensa que Marx se equivoc\u00f3 cuando afirm\u00f3 que el proletariado era el sepulturero del capitalismo, y deja esa posici\u00f3n vacante.<\/p>\n<p>Es inevitable que los que llegamos tarde al partido, por decirlo de alguna forma, tengamos una perspectiva diferente. Descubrimos a Marx mucho despu\u00e9s de que los fracasos del marxismo y del \u00absocialismo realmente existente\u00bb se hicieran evidentes, en un per\u00edodo de retroceso prolongado del movimiento obrero. Y, sin embargo, todav\u00eda encontramos algo valioso. Muchos, acaso la mayor\u00eda de nosotros, aprendimos mucho de nuestro Marx en la universidad, profundamente trastocada por el florecimiento intelectual de los a\u00f1os 1970 que Hobsbawm define como el punto m\u00e1s \u00e1lgido del movimiento. El curso de su vida pas\u00f3 por un crecimiento \u00e9pico y por una ca\u00edda que naturalmente definieron sus conclusiones. Nosotros tenemos mucho m\u00e1s futuro. Hobsbawm tiene raz\u00f3n en que el marxismo es acad\u00e9mico sin un movimiento obrero con m\u00e1rgenes a los que perseguir. Pero es dif\u00edcil convencerse de que el movimiento obrero est\u00e1 muerto, incluso en los pa\u00edses ricos de Occidente. Es sorprendente notar que en este libro el sintagma \u00abclase obrera\u00bb casi siempre est\u00e1 acompa\u00f1ado del adjetivo \u00abindustrial\u00bb, y de hecho es poco probable que los movimientos obreros del futuro est\u00e9n dominados por los trabajadores fabriles. Pero en un sentido amplio, en el sentido marxista, el proletariado incluye a cualquiera que tenga que trabajar para vivir. Estos proletarios siguen caminando entre nosotros y muchos incluso asisten a la universidad.<\/p>\n<p>Tendr\u00e1n que renacer las reformas antes de que haya gente a la que podamos volver a hablarle la revoluci\u00f3n. Pero el punto que Hobsbawm considera como el n\u00facleo del enfoque marxista de la pol\u00edtica nunca perder\u00e1 relevancia: la estrategia pol\u00edtica trabaja en un marco de fuerzas sociales que ning\u00fan impulso moral voluntarista puede superar. Esta tesis admite m\u00faltiples lecturas, y en el pasado Hobsbawm opt\u00f3 por tan errada como la de los comunistas de derecha de los a\u00f1os 1980 que intentaron salvar al laborismo brit\u00e1nico de un inelegible Tony Benn (como si el laborismo necesitara marxistas que cuidaran sus intereses electorales). Pero esto no quita que podamos leerla de manera adecuada. Los utopistas ingenuos de nuestros d\u00edas est\u00e1n ocupados publicando prensas de posiciones no partidarias que proponen reformas racionales o regulaciones financieras y defienden la reducci\u00f3n de las desigualdades porque atentan contra el tejido social y contra la salud y la seguridad. Pero no existe ning\u00fan camino adelante genuino que no conlleve la polarizaci\u00f3n de los intereses de clase y el estallido de un movimiento, y si tenemos algo que aprender de la pol\u00edtica de las \u00faltimas d\u00e9cadas es que no habr\u00e1 conquistas duraderas que no atenten en t\u00e9rminos fundamentales contra los ricos y contra su poder.<\/p>\n<\/div>\n<figure class=\"po-fr__endmark prt-x\"><\/figure>\n<section class=\"po-fr-sm prt-x\">Fuente: Jacobin.<\/section>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El 1\u00ba de octubre de 2012, hace diez a\u00f1os, fallec\u00eda el historiador marxista Eric Hobsbawm. En C\u00f3mo cambiar el mundo\u00a0Hobsbawm escribe para nosotros, la generaci\u00f3n que vino despu\u00e9s de la Guerra Fr\u00eda y que sinti\u00f3 atracci\u00f3n hacia el marxismo sin ning\u00fan tipo de compromiso con la URSS. 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