{"id":15461,"date":"2022-10-14T19:16:04","date_gmt":"2022-10-14T22:16:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.todxs.com.ar\/?p=15461"},"modified":"2022-10-14T19:16:04","modified_gmt":"2022-10-14T22:16:04","slug":"argentina-1985-mapa-y-territorio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.todxs.com.ar\/radio\/argentina-1985-mapa-y-territorio\/","title":{"rendered":"\u2018Argentina, 1985\u2019: mapa y territorio"},"content":{"rendered":"<p>El domingo pasado, un tuit de Roberto Gargarella, donde expresaba una serie de incomodidades sobre Argentina, 1985, gener\u00f3 un ida y vuelta entre el jurista, uno de los m\u00e1s respetados del pa\u00eds, y Mariano Llin\u00e1s, co-guionista de la pel\u00edcula y autoproclamado, medio en joda, su \u201cministro de Relaciones Exteriores\u201d. Como la redacci\u00f3n de Se\u00fal hizo, inesperadamente, de intermediaria en esa conversaci\u00f3n, los involucrados ofrecieron mandarnos un texto cada uno con sus ideas, a lo cual por supuesto accedimos. Los publicamos \u2013primero el tuit engordado de Gargarella, despu\u00e9s la respuesta de Llin\u00e1s\u2013 ac\u00e1 abajo. Ambos son excelentes y sus m\u00e9ritos exceden con mucho la materia espec\u00edfica de la que est\u00e1n hablando.<\/p>\n<p><strong>El motor de la historia por Roberto Gargarella<\/strong><br \/>\nD\u00edas atr\u00e1s tuve la fortuna de ver Argentina, 1985, un film que aguardaba con enormes expectativas, tanto por el tema del que la pel\u00edcula trata \u2013el hist\u00f3rico Juicio a las Juntas\u2013 como por el afecto y respeto que tengo hacia sus guionistas (Santiago Mitre y Mariano Llin\u00e1s). En las l\u00edneas que siguen quisiera explicar un poco (y explicarme), algunas de las incomodidades que sent\u00ed al ver la pel\u00edcula.<\/p>\n<p>La fuente m\u00e1s importante de mi preocupaci\u00f3n se relacion\u00f3 con el hecho de que la historia que 1985 contaba no reflejaba bien la historia que yo hab\u00eda conocido, en los libros y en la calle, y mucho menos aquella que hab\u00eda entrevisto \u201cdesde las entra\u00f1as del monstruo\u201d. (Form\u00e9 parte, durante aquellos a\u00f1os, del estrecho c\u00edrculo de asesores de Carlos Nino, la principal cabeza jur\u00eddica detr\u00e1s del Juicio a las Juntas). En todo caso, me apresuro a dejar en claro que las incomodidades que sent\u00ed no se relacionan con cierto celo por mi propia historia, o el deseo \u00edntimo de ver como protagonistas del film a las personas con las que yo hab\u00eda trabajado. Por el contrario, considero un gran acierto que la pel\u00edcula ingrese a ese momento hist\u00f3rico (el \u00fanico momento de la historia jur\u00eddica argentina del que me siento orgulloso) del modo en que lo hizo: a trav\u00e9s de Julio Strassera. Se trata de una elecci\u00f3n que dota de universalidad a la pel\u00edcula, al hacer foco en el personaje gris de tribunales \u2013un personaje de pasado m\u00e1s bien gris oscuro, cabr\u00eda decir\u2013 que se enfrenta a decisiones cruciales, y las acepta, y sigue adelante, y asume sobre s\u00ed y su familia los altos costos de su decisi\u00f3n, para terminar haciendo \u2013simplemente\u2013 lo que correspond\u00eda. Esa par\u00e1bola moral que recoge la obra es la que le otorga su mayor atractivo, m\u00e1s all\u00e1 de las dificultades que all\u00ed se generan, acerca de c\u00f3mo presentar un mensaje universal, a trav\u00e9s de un problema local, sin dejar de considerar cuestiones fundamentales. Precisamente, quisiera concentrarme en lo que sigue, en este \u00faltimo punto: la ausencia \u2013o, m\u00e1s bien, la omisi\u00f3n\u2013 de algunos datos determinantes, en torno a la historia del Juicio a las Juntas.<\/p>\n<p>Aun aceptando de forma entusiasta el recorte de la historia del Juicio que Argentina, 1985 propone (el recorte en torno a Strassera y el joven Luis Moreno Ocampo), lo que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n del film es todo lo que no muestra, o calla. Son muchas las cuestiones y las personas que, en la pel\u00edcula, se tornan omnipresentes a partir del modo en que se las oculta: la clamorosa presencia de ciertas ausencias. La principal ausencia que se advierte, la que da\u00f1a a la vista, es la del ex presidente. Ra\u00fal Alfons\u00edn fue el \u00fanico h\u00e9roe real, si es que hubo alguno, en la puesta en marcha del juicio: el verdadero motor de esta historia.<\/p>\n<p>Probablemente,\u00a0buscando dotar al film de alg\u00fan tipo de imparcialidad (imparcialidad como no-irritaci\u00f3n), y con el calculado fin de no ofender a ciertos susceptibles c\u00edrculos culturales, los autores retiraron al ex presidente de la historia del juicio, que en buena medida es su propia historia. De Alfons\u00edn s\u00f3lo se escucha un susurro \u2013la imitaci\u00f3n de su voz\u2013 a la distancia, mientras se permite conocer al p\u00fablico la negativa del ex presidente a presionar, en modo alguno, al fiscal Strassera: \u201c\u00a1Independencia de poderes!\u201d, subraya entonces la esposa del fiscal, cuando escucha el relato de su encuentro con Alfons\u00edn.<\/p>\n<p>Ese episodio \u2013el de Alfons\u00edn sin cuerpo\u2013 se convierte as\u00ed en una met\u00e1fora que resume bien varios de los problemas del film. En primer lugar, la pel\u00edcula opta por \u201cretirar\u201d de la historia del juicio a quien fue el responsable de hacerlo posible. Uno se pregunta entonces: \u00bfera necesario tanto para no irritar a ciertos grupos culturales de referencia? Resulta obviamente irreprochable que los guionistas elijan, libre y tranquilamente, c\u00f3mo hablar de un tema, y sobre todo es irreprochable que ellos escojan a qui\u00e9n hablarle (a qu\u00e9 auditorio). La idea de Mitre y Llin\u00e1s pudo ser la de no transformar a la obra en un \u201cpaneg\u00edrico radical,\u201d o la de no irritar innecesariamente a aquellos grupos pol\u00edticamente situados del lado contrario al alfonsinismo. Pero, si alguna de tales nobles actitudes fuera cierta \u2013digamos, la intenci\u00f3n de no provocar pol\u00edticamente a nadie, de forma innecesaria\u2013, \u00bfc\u00f3mo entender la decisi\u00f3n de presentar a un tosco y reaccionario Antonio Tr\u00f3ccoli como representante exclusivo y genuino de todo el radicalismo? Y, sobre todo, \u00bfc\u00f3mo encajar esa decisi\u00f3n \u2013la interesante e irritante decisi\u00f3n de hacer visible algo pol\u00edticamente oculto\u2013 con la de, al mismo tiempo, invisibilizar a Alfons\u00edn? Entonces, se evita mostrar al mejor Alfons\u00edn, para no causar resquemores, pero se muestra la peor versi\u00f3n de Tr\u00f3ccoli, provoc\u00e1ndolos.<\/p>\n<p>Pongamos que, al respecto, la idea que movi\u00f3 a los autores fue aprovechar la oportunidad del film para denunciar alguna \u201cculpa grave\u201d de la pol\u00edtica, injustamente olvidada (los radicales han querido borrar de su memoria testimonios tan brutales como el de Tr\u00f3ccoli). Pero si eso fue as\u00ed: por qu\u00e9 entonces traer a cuento la declaraci\u00f3n judicial de Luder, eximi\u00e9ndolo de responsabilidad (se trata de su alegato aclarando que el decreto de \u201caniquilaci\u00f3n\u201d que firm\u00f3 en 1975 no pretendi\u00f3 abrir el camino para muerte o desaparici\u00f3n alguna), mientras se encubre su momento infame, el que lo averg\u00fcenza a \u00e9l y a todo el peronismo. Me refiero a que, en el momento bisagra de la historia argentina, Luder se comprometi\u00f3, como candidato presidencial del peronismo, a respetar la autoamnist\u00eda militar en caso de llegar al gobierno. Se trata, me parece, de sesgos innecesarios de la pel\u00edcula.<\/p>\n<p><strong>INFORMACI\u00d3N FALSA<\/strong><br \/>\nEn segundo lugar, el film queda comprometido, a trav\u00e9s de sus recortes, con informaci\u00f3n falsa o por completo errada. En efecto, el extraordinario m\u00e9rito del gobierno de entonces, en relaci\u00f3n con el juicio, no fue \u2013como sugiere 1985\u2013 el republicanismo institucionalista de los radicales, esto es decir, la decisi\u00f3n de Alfons\u00edn de respetar a rajatabla la divisi\u00f3n de poderes. En absoluto. Es un error del film (y es un error muy grave, seguramente el m\u00e1s importante de todos) presentar a Alfons\u00edn y a su gobierno como \u201cel gobierno que dej\u00f3 hacer a la justicia\u201d. No fue as\u00ed: se trat\u00f3, muy por el contrario, del gobierno que hizo posible lo que estaba destinado a no hacerse. Aclaro que digo \u201chizo posible\u201d no en un sentido meramente ret\u00f3rico o po\u00e9tico; ni s\u00f3lo en un sentido hist\u00f3rico (jam\u00e1s se hab\u00eda montado un juicio semejante en la historia de la humanidad). Digo \u201chizo posible,\u201d sobre todo, en un sentido material y jur\u00eddico.<\/p>\n<p>Literalmente, el juicio no era posible \u2013imaginable siquiera\u2013 porque el juzgamiento de los militares se encontraba jur\u00eddicamente impedido por la Ley 22.924, la Ley de Pacificaci\u00f3n Nacional promulgada por el general Bignone el 22 de septiembre de 1983, antes de abandonar el poder. Se trataba \u2013valga aclarar\u2013 de una ley avalada por lo que Alfons\u00edn denomin\u00f3 el \u201cpacto sindical-militar\u201d, lo cual explica la tranquilidad de los militares, antes de las elecciones, cuando ellos esperaban confiados la victoria del peronismo. Por tanto, el gobierno de Alfons\u00edn debi\u00f3 destruir, primero, ese tremendo candado de impunidad, para habilitar luego, y a partir de all\u00ed, el juzgamiento de los militares. De hecho, la derogaci\u00f3n de la Ley 22.924 fue, en cumplimiento de su promesa de campa\u00f1a, la primera medida que impuls\u00f3 y aprob\u00f3 el Congreso, una vez que Alfons\u00edn asumi\u00f3 su cargo. Sin ese hom\u00e9rico esfuerzo, nada de lo que vino despu\u00e9s hubiera sido posible.<\/p>\n<p>Mucho m\u00e1s que eso: cuando digo que el gobierno de Alfons\u00edn \u201chizo posible\u201d el Juicio a las Juntas, lo digo porque sin un centenar de otras decisiones similares (decisiones pensadas, discutidas, peleadas, sufridas, lloradas, temidas) el juicio no hubiera comenzado nunca. Ello as\u00ed \u2013y por citar s\u00f3lo un dato de especial relevancia para la pel\u00edcula\u2013 porque nadie consideraba a la C\u00e1mara Federal como habilitada para intervenir en ning\u00fan juzgamiento al pasado. De hecho,\u00a0el supuesto\u00a0m\u00e1s extendido dentro de la comunidad jur\u00eddica de entonces era que s\u00f3lo\u00a0los tribunales militares ten\u00edan jurisdicci\u00f3n\u00a0en el caso, en la remota eventualidad de que alg\u00fan intento de juicio se pusiera en marcha. Entonces, cuando la pel\u00edcula muestra en acci\u00f3n a la C\u00e1mara Federal; cuando exhibe las audiencias p\u00fablicas celebradas por ella; o cuando se concentra en el trabajo del fiscal y su fiscal adjunto en la sala, est\u00e1 tomando como \u201csupuesto natural\u201d lo que en verdad fue producto de tit\u00e1nicos combates pol\u00edticos y jur\u00eddicos: todo aparec\u00eda alineado en contra de lo que luego pudimos asumir como un supuesto. Conclusi\u00f3n: lejos de \u201cpermitir que la justicia siga, como forma de respetar la separaci\u00f3n de poderes\u201d, lo que hizo el gobierno de Alfons\u00edn fue m\u00e1s bien lo contrario: la construcci\u00f3n pol\u00edtica y jur\u00eddica del juicio, una construcci\u00f3n que la pel\u00edcula no mostr\u00f3, y tom\u00f3, err\u00f3neamente, como \u201cnatural\u201d supuesto.<\/p>\n<p><strong>NO ESTABAN SOLOS<\/strong><br \/>\nTercero, el film se equivoca, tambi\u00e9n, al transformar un episodio \u00fanico de movilizaci\u00f3n y acci\u00f3n colectivas en la \u00e9pica genial de dos individuos. Apesadumbrados, en alg\u00fan momento de la pel\u00edcula, los fiscales se miran el uno al otro mientras uno de ellos dice \u201cestamos solos en esto\u201d. Si, de alguna forma, los autores del film escribieron esa l\u00ednea de di\u00e1logo creyendo que su contenido era cierto, entonces, el problema de comprensi\u00f3n hist\u00f3rica sobre lo ocurrido resulta muy serio. Yo les preguntar\u00eda a los autores, a los actores, a alguno de los viejos protagonistas, si es que suscribieron o trasmitieron la idea: \u201c\u00bfSolos? \u00bfRealmente creen que estuvieron solos?\u201d<\/p>\n<p>Strassera y Moreno Ocampo tuvieron, detr\u00e1s de s\u00ed, y desde mucho antes de que ellos comenzaran a actuar, a un verdadero ej\u00e9rcito de juristas, intelectuales y activistas de todo tipo, junto a una sociedad de pie y movilizada. Me detengo aqu\u00ed, un instante, s\u00f3lo en lo que conozco mejor, que tiene que ver con la cantidad de personas y decisiones que antecedieron, rodearon, y dotaron de su contenido esencial al juicio. Para empezar: en 1984 (la pel\u00edcula comienza en 1985), la Conadep (instituci\u00f3n que la oposici\u00f3n de entonces repudi\u00f3 y se neg\u00f3 a integrar) ya hab\u00eda entregado su informe final: el Nunca M\u00e1s. Por eso, cuando Strassera cierra su hist\u00f3rico alegato (que la pel\u00edcula, en su momento cumbre, reproduce) haciendo alusi\u00f3n a la idea de \u201cnunca m\u00e1s,\u201d menciona \u201cuna frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino.\u201d La Conadep ya hab\u00eda hecho el trabajo m\u00e1s importante en t\u00e9rminos de recolecci\u00f3n de testimonios, es decir, los fiscales no estaban solos.<\/p>\n<p>Much\u00edsimo m\u00e1s que eso, por supuesto. Para entonces \u2013para los comienzos del Juicio\u2013 ya se hab\u00eda dado la intervenci\u00f3n activa de amplios equipos de abogados e investigadores, que hab\u00edan trabajado y puesto su creatividad jur\u00eddica en movimiento. Fueron ellos (esos otros funcionarios invisibles) los que concretaron un sinf\u00edn de tareas jur\u00eddicas y respondieron decenas de preguntas de filosof\u00eda jur\u00eddica, dif\u00edciles e imprescindibles: c\u00f3mo invalidar la ley militar de autoamnist\u00eda; c\u00f3mo quitarle sus efectos de \u201cley m\u00e1s benigna\u201d, luego de anulada; c\u00f3mo evitar ser acusados por violaci\u00f3n del art. 18 (\u201cjueces naturales\u201d; \u201ccomisiones especiales\u201d; \u201cley previa\u201d); c\u00f3mo no aparecer ignorando la jurisdicci\u00f3n militar; c\u00f3mo combinar la justicia militar con la justicia civil (haciendo posible la apelaci\u00f3n, ante la C\u00e1mara Federal, de las decisiones tomadas por las instancias militares); c\u00f3mo escaparle a las normas del C\u00f3digo Militar en materia de obediencia debida; etc.<\/p>\n<p>Por supuesto, los autores de la pel\u00edcula pueden optar, a piacere, por dejar el foco de la c\u00e1mara puesto sobre el devenir de las vidas de dos individuos, que ayudan a cambiar la historia desde su lugar perdido en medio de los tribunales. Para Mitre y Llin\u00e1s \u2013pienso- esa leg\u00edtima decisi\u00f3n de contar una historia (la historia del Juicio a las Juntas) de un cierto modo (digamos, a trav\u00e9s de las solitarias y heroicas acciones de Strassera y Moreno Ocampo) era por completo compatible con sugerir, de cien modos diversos, que la pol\u00edtica partidaria, los activistas jur\u00eddicos, la sociedad entera, vibraban, en ese mismo momento: estaban encendidas de fuego, ardientes de movilizaciones y compromiso. No se trat\u00f3 del trabajo solitario de dos lobos convencidos, sino de una tarea que empuj\u00f3 toda la sociedad, y que lider\u00f3 un gobierno y un amplio grupo de colaboradores comprometido con esa causa.<\/p>\n<p><strong>CANDIDEZ POL\u00cdTICA Y JUR\u00cdDICA<\/strong><br \/>\nFinalmente, dir\u00eda que el film se resiente, tambi\u00e9n, por una cierta candidez pol\u00edtica y jur\u00eddica. Hablo de candidez pol\u00edtica porque la pel\u00edcula presume (y nos insta a aceptar) que, en un contexto caracterizado por la presencia de 1) un Poder Judicial reaccionario; 2) brutales presiones militares; y 3) la indiferencia pol\u00edtica del gobierno de turno (todo esto, subrayo, seg\u00fan el retrato de los guionistas), fue la buena voluntad de dos fiscales, las aprendidas impostaciones teatrales de Strassera y el entusiasmo de un grupo de adolescentes rockeros, lo que hizo avanzar un Juicio \u00fanico en la historia de la humanidad, lo que permiti\u00f3 conseguir sentencias condenatorias para una c\u00fapula militar que actuaba en bloque, temerariamente, y con esp\u00edritu de cuerpo. Debiera resultar claro: si los datos hist\u00f3ricos presentes hubieran sido los que la pel\u00edcula muestra \u2013indiferencia pol\u00edtica, presiones militares, una justicia reaccionaria\u2013 entonces no se hubiera llegado ni a comprar la lapicera con la que firmar la esquela de la convocatoria a las audiencias preparatorias del juicio. Nada hubiera sido posible por m\u00e1s tes\u00f3n que pusieran dos fiscales aventureros y por m\u00e1s esp\u00edritu de campamento que animara a su equipo.<\/p>\n<p>Esa candidez pol\u00edtica que aparece en el film se vincula tambi\u00e9n con cierta ingenuidad jur\u00eddica, entendible en parte (pongamos, por desconocimiento de los detalles del proceso judicial) e injustificable por otro lado (cuando se advierte desconocimiento sobre c\u00f3mo funciona o funcion\u00f3 el derecho, en ese particular caso). Hay un problema, sobre todo, cuando la pel\u00edcula asume que el juego jur\u00eddico trata sobre c\u00f3mo persuadir, c\u00f3mo decir bien, c\u00f3mo encontrar e hilvanar los buenos argumentos a trav\u00e9s de una presentaci\u00f3n teatral, bien articulada. Y la verdad es que no: que nada de eso. Las condenas, en el Juicio a las Juntas, poco tuvieron que ver con el emocionado alegato final de Strassera. No es as\u00ed como se activa el derecho. Lo crucial, dir\u00eda, es todo el resto. Empujar a la elefanti\u00e1sica, inercial, pesad\u00edsima estructura de los tribunales \u2013destrabar y poner en movimiento a algunos de los engranajes de la condena\u2013 resulta, de modo habitual, casi imposible.<\/p>\n<p>Peor que eso: los operadores jur\u00eddicos m\u00e1s astutos (como vimos en los estrados judiciales en estos d\u00edas) disponen de infinidad de recursos y apelaciones a su alcance, triqui\u00f1uelas, impugnaciones y teor\u00edas interpretativas para lograr que los poderosos resulten absueltos. \u00c9sa es, finalmente, la historia com\u00fan del derecho en la Argentina, la que los abogados del poder consiguen: la historia de la impunidad de los privilegiados. Lo dif\u00edcil \u2013lo desafiante\u2013 entonces, reside en lo otro: explicar c\u00f3mo, de qu\u00e9 forma y por qu\u00e9, a pesar de todo, cuando nada, nada, nada se pod\u00eda, cuando las puertas se cerraban, las ventanas se oscurec\u00edan y los desesperados golpeaban con sus pu\u00f1os los muros de los tribunales, alguna vez ocurri\u00f3 eso, ese milagro absoluto que fue el Juicio a las Juntas: aquello que siempre hab\u00edamos cre\u00eddo imposible.<\/p>\n<p><strong>As\u00ed opina el cine por Mariano Llin\u00e1s<\/strong><br \/>\nEl doctor Gargarella ha tenido la gentileza de hacerme llegar sus observaciones sobre el film del que me ha tocado ser co-guionista y que en las \u00faltimas semanas ha acaparado gran parte de la atenci\u00f3n p\u00fablica. Dado que la tendencia a utilizar el film como excusa para hablar de otras cosas parece ser irreversible, me parece bien que eso suceda en el nivel m\u00e1s elevado posible y habi\u00e9ndole prestado al film la m\u00e1xima atenci\u00f3n. (Los ejemplos contrarios se acumulan: en una reciente entrevista televisiva, Jes\u00fas Rodr\u00edguez nos reclam\u00f3 haber omitido el testimonio de Adriana Calvo de Laborde, al cual el film le dedica un extenso fragmento central, se\u00f1alado por todas las cr\u00edticas; y no haber mencionado a la Conadep, cuyo trabajo ya hab\u00eda concluido en el momento en que el film se inicia y dos de cuyas integrantes (Mabel Colalongo y Mar\u00eda del Carmen Tucci) son personajes del film y cuya emisi\u00f3n televisada aparece tambi\u00e9n en una larga escena, que no olvida tampoco al doctor Tr\u00f3ccoli y su pintoresco pr\u00f3logo de aquella noche. En tal sentido, las observaciones de Gargarella resultan atinadas y desafiantes, adem\u00e1s de dar cuenta de una visi\u00f3n del film l\u00facida y atenta.<\/p>\n<p>Lo primero que debo decir es que mi discusi\u00f3n con Gargarella no tiene que ver con cuestiones de fondo sino con formas de representaci\u00f3n de lo sucedido. Manifiestamente, \u00e9l habla desde su lugar de persona de leyes y yo (me atrevo a incluir en estas palabras tambi\u00e9n a Santiago Mitre), como una persona cuyo material de trabajo es la ficci\u00f3n. Si el asunto presenta alguna posibilidad de contacto es, precisamente, porque a nuestro criterio el film establece la idea de que la construcci\u00f3n del Juicio a las Juntas (que, como nadie ignora, no s\u00f3lo incluy\u00f3 a Strassera y a Moreno Ocampo, sino tambi\u00e9n la decisiva influencia del dramaturgo Carlos Somigliana) incluy\u00f3 en su cara m\u00e1s p\u00fablica determinados elementos propios de lo que podr\u00edamos llamar la estrategia cinematogr\u00e1fica.<\/p>\n<p>M\u00e1s de una\u00a0vez, al llevar adelante junto a Mitre la escritura del film, comprendimos que est\u00e1bamos rehaciendo un camino \u2013el de llevar a conocimiento del p\u00fablico hechos que acaso resultaran ya desconocidos u olvidados u ocultos por la irritaci\u00f3n y la desconfianza\u2013 que no distaba mucho del recorrido por los aut\u00e9nticos protagonistas de la historia. Ellos, si se me permite la demas\u00eda, tambi\u00e9n hab\u00edan imaginado su trabajo como un film. Mi punto es que esa observaci\u00f3n no deber\u00eda resultar en modo alguno peyorativa: la reciente entrevista publicada en este mismo medio a Jaime Malamud Goti \u2013extensamente celebrada por gran parte de su p\u00fablico lector, y revestida desde luego del m\u00e1ximo inter\u00e9s\u2013 me hizo preguntarme cu\u00e1l hubiese sido el impacto real del Juicio a los Ex Comandantes si su suerte se hubiese jugado s\u00f3lamente en las sofisticadas discusiones entre \u00e9l y el doctor Nino y no hubiese recibido el refuerzo del pathos que Strassera fue capaz de insuflarle en sus m\u00faltiples alocuciones.<\/p>\n<p>El asunto, claro est\u00e1, es la pregunta de c\u00f3mo se le habla a una sociedad, y de cu\u00e1nto de profundidad y delicadeza se pierde en la medida en que la escala de dicha alocuci\u00f3n es m\u00e1s grande. El doctor Gargarella nos se\u00f1ala que esa tarea fue apuntalada por un gobierno y por un apasionado aparato jur\u00eddico. Me apresuro a coincidir con \u00e9l, y le a\u00f1ado: tambi\u00e9n por los testigos y las v\u00edctimas, que tomaban la decisi\u00f3n \u2013que considero, ahora s\u00ed, heroica\u2013 de contar sus dram\u00e1ticas experiencias a un a\u00f1o y meses de concluida la dictadura. La l\u00ednea de di\u00e1logo que tanto incomoda a Gargarella (\u201cestamos solos\u201d) refleja apenas una frase de un personaje a lo largo de su peripecia dram\u00e1tica: solo mediante un desconocimiento del cine y sus procedimientos \u2013y nada m\u00e1s lejos de ello que el cin\u00e9filo Gargarella\u2013 puede llegar a pensarse que ello sugiere una opini\u00f3n pronunciada por el film o sus autores y menos a\u00fan una convicci\u00f3n que el relato aspira a comunicar. He all\u00ed una caracter\u00edstica de la ficci\u00f3n que resulta intolerable para los ne\u00f3fitos: los relatos no tienen convicciones; s\u00f3lo avanzan a tientas mediante sospechas e hip\u00f3tesis, sin ser verdaderamente conscientes de la propia moraleja. Dicho de otra manera: un film solo es capaz de ofrecer pistas.<\/p>\n<p>Me permito un ejemplo: en un momento del desarrollo del film, Mitre y yo nos vimos en el aprieto de narrar el momento en el que los jueces de la c\u00e1mara debat\u00edan las condenas. Como todo el que conozca del tema sabe, ello sucedi\u00f3 en una escena que de por s\u00ed ten\u00eda bastante de cinematogr\u00e1fico. Los jueces se retiraron a la pizzer\u00eda Banchero y all\u00ed tomaron sus decisiones, incluyendo una \u2013el c\u00e9lebre Punto 30, que permitir\u00eda que los juicios continuaran m\u00e1s all\u00e1 de los Comandantes\u2013 llamada a generar pol\u00e9mica y malestar en las Fuerzas Armadas e incluso en algunos sectores del gobierno. Ahora bien: \u00bfc\u00f3mo dar cuenta de ello? Evidentemente, si el film nunca hab\u00eda hecho pie en el punto de vista de los jueces, permitirle a la c\u00e1mara formar parte de dicho encuentro hubiera sido visto por los espectadores del film como una trampa. Ninguna ley cinematogr\u00e1fica es m\u00e1s justa que esa, ni su infracci\u00f3n se vuelve m\u00e1s evidente.<\/p>\n<p>Elegimos entonces el viejo recurso de narrar la situaci\u00f3n desde un observador exterior (el hijo de Strassera) que no conoce sino que sospecha lo que est\u00e1 pasando. All\u00ed, nos relata el muchacho, los jueces discuten, se preocupan, piensan, est\u00e1n tensos, parecen llegar a una soluci\u00f3n, brindan, anotan las cosas en una servilleta. El Punto 30 est\u00e1 ah\u00ed, para quien quiera o pueda verlo. Hasta ah\u00ed llega el cine.<\/p>\n<p><strong>CIERTAS VENIAS<\/strong><br \/>\nEl doctor Gargarella se muestra despu\u00e9s molesto por ciertos perdones, ciertas venias, ciertas omisiones. No cae, como tantos imprudentes han hecho en estos d\u00edas, en la necedad de lamentar que 1985 no sea m\u00e1s dura con el peronismo (como si un film estuviese llamado a ejercer la funci\u00f3n censora de Marco Porcio Cat\u00f3n o de los mon\u00f3logos sat\u00edricos de Tato Bores). Pero s\u00ed deplora cierto ben\u00e9volo silencio en torno de la aparici\u00f3n de \u00cdtalo Luder, a quien se muestra como el primer testigo del juicio (lo fue) y no como el manifiesto impulsor de la autoamnist\u00eda a los genocidas (tambi\u00e9n lo fue, aunque no en soledad). Gargarella percibe cierta injusticia en la atenci\u00f3n puesta en el parsimonioso y pusil\u00e1nime recitado de la teor\u00eda de los dos demonios del ministro del Interior de Alfons\u00edn y la exclusi\u00f3n en ese mismo punto de tantos otros.<\/p>\n<p>Acaso tenga raz\u00f3n, y las cuestiones relativas a la pertinencia o no dentro del relato nunca lleguen a convencerlo. Nadie m\u00e1s que quienes escribimos el gui\u00f3n es consciente de las cosas que no est\u00e1n en el film y que, por cuestiones de espacio o s\u00edntesis, debimos dejar afuera. Falta el estremecedor discurso de Massera, que con sat\u00e1nica eficacia les se\u00f1ala a los presentes \u2013palabra m\u00e1s, palabra menos\u2013 que de no ser por sus cr\u00edmenes y sus matanzas ninguno de ellos estar\u00eda all\u00ed. Falta el episodio en el que el general Lanusse describe su estupor e indignaci\u00f3n al recibir las explicaciones de Bignone sobre el accionar clandestino e ilegal. Falta la descripci\u00f3n del asesino Radice, hombre de Falcon y metralleta, que en una muestra de perverso cinismo explica sin que se le mueva un pelo las caracter\u00edsticas de su particular oficio. Cada una de estas situaciones conmovedoras ha debido ser sacrificada en aras de una mayor coherencia del objeto final, y he ah\u00ed donde los cineastas debemos asumir lo dif\u00edcil de nuestras decisiones.<\/p>\n<p>En una sola\u00a0cosa no habr\u00e9 de dar el brazo a torcer con Gargarella: en la forma en que se muestra al doctor Alfons\u00edn. En un ensayo poco conocido, Portraits oficiels, Sartre registra un p\u00e1rrafo que \u00e9l mismo reconoce como an\u00f3nimo: \u201cVi a un gordo de tez cer\u00falea en una calesa tirada por cuatro caballos al galope: despu\u00e9s me dijeron que era Napole\u00f3n\u201d. Sartre celebra en el p\u00e1rrafo la eficacia de lo apenas entrevisto, y lo pone de relieve como forma de retrato de las figuras hist\u00f3ricas, en oposici\u00f3n a la magnificencia un tanto impostada de los monumentos. Del mismo modo, en uno de sus mejores films, The Iron Horse, John Ford presenta a un Lincoln casi an\u00f3nimo, campechano y distante (muchos a\u00f1os despu\u00e9s, en The Thin Grey Line, tomar\u00eda la decisi\u00f3n inversa con Eisenhower, con opuestos resultados est\u00e9ticos). Gargarella interpreta que la decisi\u00f3n de no mostrar el rostro de Alfons\u00edn (a la saz\u00f3n, de un actor disfrazado de Alfons\u00edn) implica una forma de restarle peso en la Historia. Me atrevo a decir que para quienes hicimos el film la puesta en escena funciona en el sentido contrario: el pudor que transmite esa figura apenas sugerida, esa voz llana y cordial que s\u00f3lo atina a decir vaguedades y que cierra el encuentro diciendo \u201cno tengo ninguna indicaci\u00f3n que darle\u201d nos permite entrever el peso de una figura hist\u00f3rica y, tal vez, una forma de ejercer el poder. Pero s\u00f3lo tal vez.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s: as\u00ed opina el cine.<\/p>\n<p>Fuente: Se\u00fal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El domingo pasado, un tuit de Roberto Gargarella, donde expresaba una serie de incomodidades sobre Argentina, 1985, gener\u00f3 un ida y vuelta entre el jurista, uno de los m\u00e1s respetados del pa\u00eds, y Mariano Llin\u00e1s, co-guionista de la pel\u00edcula y autoproclamado, medio en joda, su \u201cministro de Relaciones Exteriores\u201d. 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