{"id":17942,"date":"2023-04-01T18:28:50","date_gmt":"2023-04-01T21:28:50","guid":{"rendered":"https:\/\/www.todxs.com.ar\/?p=17942"},"modified":"2023-04-01T18:28:50","modified_gmt":"2023-04-01T21:28:50","slug":"francia-11-tesis-politicas-sobre-el-movimiento-de-enero-marzo-de-2023","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.todxs.com.ar\/radio\/francia-11-tesis-politicas-sobre-el-movimiento-de-enero-marzo-de-2023\/","title":{"rendered":"Francia. 11 tesis pol\u00edticas sobre el movimiento de enero-marzo de 2023"},"content":{"rendered":"<p>1<\/p>\n<p>El movimiento que se desarrolla en Francia desde el 19 de enero es entusiasmante en muchos sentidos. En apenas dos meses, ha cambiado profundamente la atm\u00f3sfera pol\u00edtica del pa\u00eds, ha hecho retroceder el derrotismo imperante, ha desestabilizado (incluso asustado) a los defensores celosos del orden social establecido y de las pol\u00edticas neoliberales y ha ampliado el horizonte de expectativas de los millones de personas que han entrado en la lucha y, al hacerlo, han empezado a tomar la medida de sus fuerzas. Sobre todo, esta movilizaci\u00f3n acentu\u00f3 la crisis de hegemon\u00eda que se profundiza en Francia desde hace a\u00f1os, al mostrar hasta qu\u00e9 punto el gobierno macronista est\u00e1 aislado socialmente. Cristaliz\u00f3 el descontento social que no necesariamente encontraba v\u00edas para expresarse pol\u00edticamente, y transform\u00f3 en rabia leg\u00edtima la desconfianza generalizada de gran parte de la poblaci\u00f3n -en particular de la clase trabajadora y la juventud- hacia Macron y su gobierno.<\/p>\n<p>2<br \/>\nApartir de entonces, lo que est\u00e1 en juego ya no es s\u00f3lo la contrarreforma de las pensiones. Ya no es simplemente \u00absocial\u00bb, en el sentido restrictivo de sindical. Es eminente y plenamente pol\u00edtico: en cuanto se nacionaliza, adquiere una gran amplitud social y se arraiga de forma sostenida, el movimiento se afirma como una confrontaci\u00f3n no con tal o cual capitalista (como en el caso de una lucha contra los despidos o la supresi\u00f3n de puestos de trabajo en una empresa), no con tal o cual medida sectorial (por importante que sea), sino con el conjunto de la clase burguesa tal y como est\u00e1 representada (y defendida) por el poder pol\u00edtico. As\u00ed pues, un movimiento de este tipo es capaz de abrir una brecha en el orden pol\u00edtico modificando de forma duradera las relaciones de poder entre las clases.<\/p>\n<p>Est\u00e1 en la naturaleza de un gran movimiento popular desdibujar las categor\u00edas en las que se quiere encorsetar artificialmente la lucha de clases separando un nivel \u00abpol\u00edtico\u00bb de un lado y \u00absocioecon\u00f3mico\u00bb del otro. Toda lucha de masas, y la que estamos viviendo no es una excepci\u00f3n a la regla, es pues inextricablemente social y pol\u00edtica; tiende inevitablemente a tener como objetivo l\u00f3gico el poder pol\u00edtico y los grandes intereses que encarna: los propietarios, los explotadores, la clase dominante. Tambi\u00e9n es ideol\u00f3gico y cultural, en la medida en que desaf\u00eda las narrativas (peque\u00f1as o grandes) que la clase dominante construye para justificar tal o cual contrarreforma (o m\u00e1s ampliamente su orden social, con su rastro de injusticias, alienaci\u00f3n y violencia), pero tambi\u00e9n en el sentido de que permite librar una batalla entre concepciones antag\u00f3nicas del mundo y visiones alternativas de c\u00f3mo deber\u00edan ser la sociedad, las relaciones humanas y nuestras vidas.<\/p>\n<p>3<br \/>\nEl movimiento actual se levanta sobre los hombros de todas las movilizaciones que la precedieron, al menos las que marcaron la secuencia de luchas que comenz\u00f3 en 2016: en particular la batalla de Notre-Dame-des-Landes, la lucha contra la Ley del Trabajo, los \u00abchalecos amarillos\u00bb, las movilizaciones feministas contra la violencia y las desigualdades de g\u00e9nero, el movimiento 2019-2020 contra la reforma de las pensiones o el conjunto de las luchas (especialmente antirracistas) contra los cr\u00edmenes policiales y todas las violencias estatales. El movimiento actual integra, articula y desarrolla sus logros precedentes, tanto en t\u00e9rminos de m\u00e9todos y t\u00e1cticas de lucha como ideol\u00f3gicamente.<br \/>\nUna diferencia significativa, sin embargo, es la mayor fuerza y combatividad de la izquierda parlamentaria, en particular de los 74 diputados de la La France Insoumise (LFI), que contribuyeron en gran medida a politizar y radicalizar una movilizaci\u00f3n que la mayor\u00eda de los sindicatos -en particular la CFDT- quer\u00edan mantener en un terreno estrictamente \u00absocial\u00bb. As\u00ed pues, podemos alegrarnos de que la mayor\u00eda de los nuevos diputados de la LFI no intentaran en ning\u00fan momento oponer a la batalla parlamentaria (con sus propios medios) a los m\u00e9todos cl\u00e1sicos de la lucha de clases: manifestaciones callejeras, piquetes (en los que vimos a estos diputados, incluida la presidenta del grupo parlamentario de la LFI, Mathilde Panot, en varias ocasiones) y bloqueos (sobre todo de institutos y universidades).<\/p>\n<p>4<br \/>\nTodos nuestros esfuerzos deben dirigirse al objetivo de seguir ampliando e intensificando el movimiento, para lograr una victoria. No sabemos hasta d\u00f3nde podemos llegar, pero conseguir que el gobierno d\u00e9 marcha atr\u00e1s en su contrarreforma es lo m\u00ednimo. En los meses y a\u00f1os venideros, tal victoria contar\u00e1 el doble o el triple, precisamente porque Macron quer\u00eda hacer de esta contrarreforma la madre de todas las batallas, una prueba de fuerza que le permitiera consolidar su poder hasta el final de su mandato, y comenzar la destrucci\u00f3n total de los logros de la clase obrera en el siglo XX. Como thatcheriano que ha aprendido bien sus lecciones (las de la contrarrevoluci\u00f3n neoliberal), Macron sabe que necesita quebrar a los sectores m\u00e1s combativos del movimiento social para hundir en la desesperaci\u00f3n a la mayor\u00eda de los que hoy se movilizan, construyen huelgas y manifestaciones, con la esperanza -vaga o afirmada- de un mundo de igualdad y justicia social.<\/p>\n<p>5<br \/>\nEn esta confrontaci\u00f3n, el poder macronista ya ha indicado -con su palabra y su pr\u00e1ctica- que est\u00e1 dispuesto a llegar tan lejos como sea necesario, contribuyendo adem\u00e1s a la politizaci\u00f3n del movimiento mediante una represi\u00f3n policial a gran escala. Rompiendo las ilusiones sobre el nuevo \u00abesquema de mantenimiento del orden\u00bb y el nombramiento en Par\u00eds de un prefecto de polic\u00eda con fama de ser menos brutal que el infame Lallement, la polic\u00eda se ha caracterizado en los \u00faltimos d\u00edas por la extrema brutalidad de sus intervenciones, una brutalidad que se ha normalizado y convertido en rutina en los \u00faltimos diez a\u00f1os, de modo que no se trata de \u00abderrapes\u00bb o \u00abmeteduras de pata\u00bb, sino de la actuaci\u00f3n ordinaria de unas fuerzas policiales en gran medida fascistizadas. Pero la actuaci\u00f3n policial tambi\u00e9n se caracteriz\u00f3 por un cierto desconcierto ante el n\u00famero y la determinaci\u00f3n de los manifestantes en la secuencia que sigui\u00f3 a la imposici\u00f3n del art\u00edculo 49.3.<\/p>\n<p>Ampliamente minoritaria en el pa\u00eds, forzando su proyecto a trav\u00e9s de una serie de maniobras institucionales t\u00edpicas de la V Rep\u00fablica (cuya Constituci\u00f3n est\u00e1, como sabemos, lejos de todos los est\u00e1ndares, incluso m\u00ednimos, de una democracia), desestabilizada por la acumulaci\u00f3n de v\u00eddeos y testimonios que muestran la violencia de Estado, es evidente que la Macronia y sus ide\u00f3logos ya no son capaces de convencer a la opini\u00f3n p\u00fablica de que la violencia est\u00e1 del lado de los manifestantes, y que la violencia policial es un mito inventado por b\u00e1rbaros sedientos de sangre policial. Una prueba de que el monopolio de la violencia leg\u00edtima s\u00f3lo lo \u00abreclama\u00bb el Estado, por utilizar la famosa definici\u00f3n de Max Weber, y de que a veces, cuando no llega el \u00ab\u00e9xito\u00bb evocado en esta definici\u00f3n, las cosas se atascan.<\/p>\n<p>Tanto por el uso de estas maniobras como por la represi\u00f3n extremadamente brutal del movimiento en los \u00faltimos d\u00edas, el gobierno ha abierto una brecha para una campa\u00f1a democr\u00e1tica contra el autoritarismo y por las libertades pol\u00edticas. En estricta continuidad con el primer quinquenio Macron y de los gobiernos Hollande-Valls, estos golpes de fuerza permiten de hecho plantear a escala de masas el problema de las instituciones bonapartistas de la V Rep\u00fablica, la necesidad de una ruptura con el marco constitucional actual, v\u00eda una necesaria Constituyente, y la posibilidad de una verdadera democracia, aunque s\u00f3lo sea a nivel institucional.<\/p>\n<p>6<br \/>\nSe abrieron debates leg\u00edtimos sobre la caracterizaci\u00f3n de la situaci\u00f3n social y pol\u00edtica. Se ha podido hablar, aqu\u00ed y aqu\u00ed, de un \u00abmomento prerrevolucionario\u00bb, con vistas a una transici\u00f3n hacia una situaci\u00f3n o un proceso revolucionario en toda regla, como si bastara \u00abdar un peque\u00f1o empuj\u00f3n al sistema para que todo se derrumbe\u00bb (Jacques Ranci\u00e8re). El corolario de esta afirmaci\u00f3n, al menos en el primer art\u00edculo citado, es que el principal (o incluso el \u00fanico) obst\u00e1culo para el desencadenamiento de una batalla revolucionaria por parte del proletariado se reducir\u00eda en lo sucesivo a las \u00abdirecciones sindicales\u00bb, o dicho de forma a\u00fan m\u00e1s unificadora: a \u00abla direcci\u00f3n del movimiento obrero\u00bb, es decir, la intersindical.<\/p>\n<p>En efecto, en la medida en que el proletariado \u00aben su conjunto\u00bb -se nos dice- habr\u00eda sido radicalizado por el movimiento, el poder s\u00f3lo conservar\u00eda la facultad de canalizar la c\u00f3lera social de las direcciones sindicales: \u00abla Intersindical act\u00faa como ultima v\u00e1lvula de escape del r\u00e9gimen de la V Rep\u00fablica en crisis\u00bb. Y m\u00e1s adelante: \u00abSin riesgo a equivocarnos podemos afirmar que el principal obst\u00e1culo para que el \u201cmomento\u201d prerrevolucionario se transforme en una situaci\u00f3n abiertamente prerrevolucionaria, o m\u00e1s aun revolucionaria, es la direcci\u00f3n conservadora e institucional del movimiento obrero\u00bb.<\/p>\n<p>Esta hip\u00f3tesis es importante porque, aunque las organizaciones que defienden esta l\u00ednea sean muy d\u00e9biles, los problemas que plantea reflejan preocupaciones m\u00e1s ampliamente compartidas entre los sectores combativos del movimiento social. Y tiene consecuencias evidentes: si se toman en serio tales afirmaciones, se deduce necesariamente que la denuncia inmediata de esta \u00abdirecci\u00f3n del movimiento obrero\u00bb adquiere un papel absolutamente central para todos aquellos que trabajan por un cambio radical de la sociedad, as\u00ed como la construcci\u00f3n de una direcci\u00f3n del movimiento alternativa a la intersindical.<\/p>\n<p>7<br \/>\nEl primer error de este razonamiento consiste en subestimar ciertos l\u00edmites de la movilizaci\u00f3n, que deben tomarse en serio para superarlos de otro modo que no sea mediante trucos ret\u00f3ricos, que s\u00f3lo pretenden convencer a los convencidos, o mediante un llamamiento al voluntarismo que s\u00f3lo conseguir\u00e1 el apoyo de los que ya est\u00e1n dispuestos a actuar.<br \/>\nEstos l\u00edmites actuales lo convierten en un movimiento capaz de hacer retroceder a Macron en su proyecto de contrarreformas y potencialmente, si sale victorioso, en todas las contrarreformas previstas para su quinquenio, pero no -al menos en esta fase- de abrir a una situaci\u00f3n revolucionaria. Porque el voluntarismo militante de una minor\u00eda, aunque absolutamente necesario, no basta por s\u00ed solo para superar estas debilidades y pasar de la protesta social -por amplia y radical que sea- a la revoluci\u00f3n; incluso en una situaci\u00f3n que, como la nuestra, requiere objetivamente una ruptura pol\u00edtica y una transformaci\u00f3n revolucionaria, en un sentido ecosocialista, feminista y antirracista.<\/p>\n<p>Una revoluci\u00f3n nunca es \u00abqu\u00edmicamente pura\u00bb, ni fiel a un manual escrito de una vez por todas, pero presupone algunos elementos sin los cuales hablar de \u00abmomento prerrevolucionario\u00bb es m\u00e1s una ilusi\u00f3n (o t\u00e1ctica de autoconstrucci\u00f3n para peque\u00f1os grupos militantes) que una hip\u00f3tesis estrat\u00e9gica. En la medida en que el rasgo fundamental y distintivo de una revoluci\u00f3n es la aparici\u00f3n m\u00e1s o menos afianzada de una dualidad de poderes (entre el Estado burgu\u00e9s y formas de poder popular fuera del Estado, pero tambi\u00e9n en el seno del Estado mismo), los momentos prerrevolucionarios presuponen ciertos ingredientes: un bloqueo consecuente de la econom\u00eda, un nivel significativo de autoorganizaci\u00f3n, un inicio de centralizaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n nacional de los movimientos en lucha, as\u00ed como fisuras en el aparato del Estado y, m\u00e1s ampliamente, en la clase dominante.<\/p>\n<p>Pero todos estos elementos faltan en el movimiento actual:<\/p>\n<p>S\u00f3lo unos pocos sectores de la econom\u00eda est\u00e1n experimentando una verdadera actividad huelgu\u00edstica (y menos a\u00fan una huelga reconducible), sectores esencialmente p\u00fablicos o parap\u00fablicos (basureros, SNCF, EDF, Educaci\u00f3n Nacional, etc.), y casi todas las grandes empresas privadas no est\u00e1n en absoluto paralizadas, ni siquiera en los d\u00edas de mayor movilizaci\u00f3n sindical (excepto en algunos sectores como las refiner\u00edas).<br \/>\nIncluso en los sectores en los que la huelga ha adquirido cierta envergadura, la autoorganizaci\u00f3n en el marco de asambleas generales (AG) y comit\u00e9s de huelga es muy d\u00e9bil incluso en comparaci\u00f3n con movimientos anteriores.<br \/>\nHan surgido agrupaciones de activistas de diferentes sectores (como en 2019-2020, por cierto), pero son extremadamente minoritarias en relaci\u00f3n con la escala del movimiento (por no hablar de la clase obrera en su conjunto), especialmente en comparaci\u00f3n con los \u00abinterpros\u00bb [asambleas interprofesionales que re\u00fanen asambleas de varios sectores. NdT] de diciembre de 1995, y ellas parecen m\u00e1s un medio para que los peque\u00f1os grupos militantes aumenten su audiencia y se construyan a s\u00ed mismos que un instrumento para pesar en la direcci\u00f3n de la extensi\u00f3n e intensificaci\u00f3n de la huelga.<br \/>\nPor \u00faltimo, el aparato del Estado se mantiene firme (polic\u00eda-ej\u00e9rcito-justicia) y la patronal sigue apoyando a Macron (aunque parece que esta contrarreforma no les parec\u00eda especialmente urgente).<br \/>\nTodos estos l\u00edmites no deval\u00faan el movimiento actual y podr\u00eda ser que las pr\u00f3ximas semanas nos permitan ir m\u00e1s all\u00e1 de la situaci\u00f3n actual, pero la correcta definici\u00f3n de las tareas y la estrategia depende de la exactitud del diagn\u00f3stico. En esta materia, no hay lugar para la complacencia.<\/p>\n<p>8<br \/>\nUn segundo error, que en realidad se deriva del primero, es pretender resolver lo que deber\u00eda constituir un problema estrat\u00e9gico de primer orden para el movimiento, pero tambi\u00e9n para las organizaciones sindicales y pol\u00edticas, en el periodo inmediato. Al afirmar que hemos sido testigos durante los \u00faltimos dos meses de una \u00abradicalizaci\u00f3n del proletariado en su conjunto\u00bb, ignoramos el hecho de que la hostilidad generalizada y virulenta hacia Macron no es en absoluto equivalente a una conciencia anticapitalista de masas (tanto es as\u00ed, por otra parte, que es necesario luchar contra una excesiva personalizaci\u00f3n y psicologizaci\u00f3n de Macron, convirti\u00e9ndolo en un \u00abloco\u00bb, un \u00ablun\u00e1tico\u00bb, etc., mientras que \u00e9l es sobre todo el apoderado del capital, y en particular del capital financiero). Y sobre todo, subestimamos el hecho de que una gran mayor\u00eda del proletariado no ha entrado de hecho en el movimiento.<br \/>\nLos trabajadores son ciertamente, en su casi totalidad, contrarios a la contrarreforma y hostiles a Macron, pero la mayor\u00eda de ellos todav\u00eda se mantienen pasivos. S\u00f3lo una peque\u00f1a fracci\u00f3n de la clase se ha manifestado y la gran mayor\u00eda no ha cruzado -por razones materiales inevitables (inseguridad salarial, presi\u00f3n jer\u00e1rquica, etc.), a las que se a\u00f1ade el amargo recuerdo de las derrotas anteriores- el Rubic\u00f3n de la huelga. Adem\u00e1s, el nivel de autoorganizaci\u00f3n es globalmente inferior al de movimientos anteriores (incluidos los recientes como el de 2019-2020, en particular en la SNCF, y a fortiori en comparaci\u00f3n con el de diciembre de 1995), y la coordinaci\u00f3n interprofesional es inexistente, o muy d\u00e9bil y puntual.<\/p>\n<p>En efecto, el movimiento popular se ha vuelto m\u00e1s aut\u00f3nomo desde la imposici\u00f3n del 49.3, organizando acciones cotidianas en toda Francia sin el aval de la intersindical y utilizando m\u00e9todos de lucha m\u00e1s ofensivos, las asambleas generales parecen m\u00e1s llenas en los \u00faltimos d\u00edas, pero sigue siendo la intersindical la que marca el tono y el ritmo del movimiento, y nadie est\u00e1 actualmente -ni de cerca ni de lejos- en condiciones de disputarle este papel.<\/p>\n<p>Se podr\u00eda objetar que, incluso en un proceso revolucionario, los explotados y oprimidos nunca se movilizan en su totalidad. Pero, por tomar s\u00f3lo el caso de Francia, se calcula que en mayo-junio del 68 hab\u00eda 7,5 millones de huelguistas (y 10 millones de personas movilizadas), en un pa\u00eds que, sin embargo, ten\u00eda muchos menos asalariados que hoy (unos 15 millones frente a m\u00e1s de 26 millones en la actualidad). Debido al bloqueo masivo de la econom\u00eda durante varias semanas, al gran n\u00famero de ocupaciones de lugares de trabajo y a la desorganizaci\u00f3n inicial de las autoridades pol\u00edticas, la situaci\u00f3n presentaba entonces aspectos prerrevolucionarios (a pesar de los l\u00edmites de la autoorganizaci\u00f3n, que no permit\u00edan la aparici\u00f3n de consejos obreros), lo que dio lugar a tareas de naturaleza bastante particular para los militantes convencidos de la necesidad de una ruptura revolucionaria (en el seno del PCF y de las organizaciones de extrema izquierda).<\/p>\n<p>9<br \/>\nLas dificultades del movimiento no se explican todas, ni mucho menos, por el papel nefasto desempe\u00f1ado por la intersindical. Sobre este punto, no podemos contentarnos con un razonamiento perfectamente circular consistente en decir en pocas palabras: si no hay instancias de autoorganizaci\u00f3n, es porque es la intersindical la que dirige el movimiento; y si es la intersindical la que da el tono y el ritmo, es porque no hay instancias de autoorganizaci\u00f3n.<br \/>\nLa hip\u00f3tesis de direcciones traidoras en el movimiento obrero que impiden la transformaci\u00f3n del movimiento en un aut\u00e9ntico proceso revolucionario ten\u00eda en 1968 al menos una base objetiva, digna de discusi\u00f3n. En Francia exist\u00edan entonces poderosos sindicatos obreros, el principal de los cuales -la CGT- estaba dirigido por un partido comunista con una amplia base entre la clase obrera y una gran audiencia electoral (m\u00e1s del 20%). De hecho, el PCF obstaculiz\u00f3 las formas de autoorganizaci\u00f3n que podr\u00edan haber surgido en las empresas, en favor de una pr\u00e1ctica generalmente pasiva de la huelga (en la que se invitaba a los trabajadores a no intervenir directamente y a dejar que los responsables sindicales la dirigieran). El partido tambi\u00e9n se neg\u00f3 a tomar iniciativas audaces que hubieran permitido plantear la cuesti\u00f3n del poder y de un gobierno de ruptura, sobre todo durante los pocos d\u00edas o semanas en que el gobierno gaullista parec\u00eda no saber qu\u00e9 hacer, aturdido por la amplitud de la huelga obrera y por la determinaci\u00f3n del movimiento estudiantil.<\/p>\n<p>Hoy la situaci\u00f3n es radicalmente distinta: los sindicatos est\u00e1n muy debilitados, al menos en comparaci\u00f3n con lo que estaban en el 68, y ya no existe un partido obrero de masas. Si seguimos la hip\u00f3tesis de Juan Chingo, esto deber\u00eda constituir un bulevar para la construcci\u00f3n de una huelga general. Ocurre lo contrario, ya que es en los sectores y empresas donde hay m\u00e1s sindicalizados y donde siguen estando presentes los sindicatos combativos (generalmente CGT, Solidaires y\/o FSU) \u2013 porque no podemos meter a todos los sindicatos, ni siquiera a todas las \u00abdirecciones sindicales\u00bb, en el mismo saco \u2013 donde se expresa globalmente la conflictividad m\u00e1s fuerte. Por otro lado, los sectores y empresas no sindicalizados, lejos de ser aquellos en los que se expresar\u00eda una supuesta disponibilidad de las masas para la acci\u00f3n radical no obstaculizada por la famosa \u00abdirecci\u00f3n del movimiento obrero\u00bb, son aquellos en los que prospera la atomizaci\u00f3n, la pasividad, el consenso pseudogestionario, e incluso el voto ultraderechista.<\/p>\n<p>Podemos ver en las universidades lo que vale este argumento: mientras que los sindicatos son muy d\u00e9biles all\u00ed, los activistas presentes tienen las mayores dificultades, al menos hasta ahora, para hacer surgir amplios marcos de autoorganizaci\u00f3n (la mayor\u00eda de las AG no hab\u00edan movilizado hasta hace poco m\u00e1s que a algunos centenares de estudiantes); e incluso en las universidades que han conocido recientemente algunas AG bastante masivas (Tolbiac, Mirail) la d\u00e9bil implantaci\u00f3n de las organizaciones estudiantiles debilita la ampliaci\u00f3n y la autoorganizaci\u00f3n del movimiento. En otras palabras, si el proletariado estuviera ya radicalizado en su conjunto, y si las direcciones sindicales constituyeran el \u00fanico cerrojo a romper para poder lanzar una ofensiva revolucionaria, ver\u00edamos el desarrollo de luchas radicales y de formas avanzadas de autoorganizaci\u00f3n en los sectores donde la implantaci\u00f3n sindical es m\u00e1s d\u00e9bil, es decir, donde el dominio de las direcciones sindicales es m\u00e1s fr\u00e1gil. Nada m\u00e1s lejos de la realidad actual.<\/p>\n<p>La hip\u00f3tesis de la sustituci\u00f3n de la direcci\u00f3n sindical (reformista) por una direcci\u00f3n verdaderamente revolucionaria tiene todas las ventajas de la simplicidad y todos los inconvenientes del simplismo (si no del irrealismo cuando se piensa en la famosa \u00abdirecci\u00f3n revolucionaria alternativa\u00bb como el producto del trabajo de construcci\u00f3n autocentrada de microorganizaciones). Por supuesto, podemos pensar que una pol\u00edtica m\u00e1s combativa de la intersindical -rechazo de las jornadas de movilizaci\u00f3n espaciadas hasta por m\u00e1s de una semana, llamamiento claro a una huelga reconductible y a participar en las asambleas generales, etc.- habr\u00eda permitido desbloquear ciertas cosas en algunos sectores donde los sindicatos est\u00e1n implantados (aunque no haya ninguna garant\u00eda de ello), pero estamos tocando los l\u00edmites del marco de la movilizaci\u00f3n actual, que constituye tambi\u00e9n uno de sus puntos fuertes: la unidad mantenida del frente sindical, sin la cual es dudoso que el movimiento hubiera tomado esta magnitud y hubiera obtenido esta aprobaci\u00f3n entre la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el periodo actual y futuro, los retos y las tareas parecen ser de una naturaleza completamente diferente para los activistas que no quieren renunciar ni a la perspectiva revolucionaria ni al trabajo dentro del movimiento real: extender la implantaci\u00f3n sindical m\u00e1s all\u00e1 de los sectores actualmente movilizados, fortalecer las \u00abalas izquierdas\u00bb dentro de las organizaciones sindicales (los sindicatos o sensibilidades de \u00ablucha de clases\u00bb), contribuir al surgimiento de nuevas corrientes o movimientos radicales (al margen de las organizaciones tradicionales pero en articulaci\u00f3n y no en oposici\u00f3n a ellas), profundizar en el trabajo pol\u00edtico-cultural que permita pasar del odio a Macron a la cr\u00edtica al sistema en su conjunto y, finalmente, a la necesidad de una ruptura anticapitalista para construir una sociedad completamente diferente.<\/p>\n<p>10<br \/>\nUno de los puntos centrales que expresa la situaci\u00f3n actual es la extrema dispersi\u00f3n de los niveles de conciencia pol\u00edtica entre los trabajadores y la juventud. La perspectiva de una ruptura anticapitalista y otra sociedad ciertamente ha progresado entre la poblaci\u00f3n en la secuencia 2016-2023, pero no crece en absoluto a la misma velocidad que el odio visceral hacia el poder pol\u00edtico y, en particular, hacia Macron. Tanto es as\u00ed que el sentimiento anti-Macron en general, y la hostilidad hacia su contrarreforma de las pensiones en particular, pueden beneficiar con bastante facilidad a la extrema derecha.<\/p>\n<p>Un sondeo bastante reciente (de finales de febrero) situaba a Marine Le Pen como principal opositora al proyecto macronista de contrarreforma (ligeramente por delante de Jean-Luc M\u00e9lenchon), sobre todo entre las clases populares, a pesar de que RN no propone la vuelta a la edad de jubilaci\u00f3n de 60 a\u00f1os y se opone a las huelgas reconducibles. Un sondeo que acaba de publicarse lo confirma al sugerir que RN podr\u00eda ser la fuerza pol\u00edtica que m\u00e1s se beneficiar\u00eda del rechazo de la contrarreforma de las pensiones. Por supuesto, esto remite a causas profundas y a una ya larga historia de implantaci\u00f3n electoral y de impregnaci\u00f3n ideol\u00f3gica, pero no se comprender\u00eda nada sin tomarse en serio la forma en que las \u00e9lites pol\u00edticas y medi\u00e1ticas no han cesado estos \u00faltimos a\u00f1os de respetabilizar a la extrema derecha y de banalizar sus \u00abideas\u00bb y, al contrario, de demonizar a la izquierda (en particular a LFI).<\/p>\n<p>Se han producido decantaciones parciales en algunos movimientos, pero s\u00f3lo afectan muy parcialmente a las clases y fracciones de clase que constituyen su centro de gravedad. Los \u00abchalecos amarillos\u00bb han sido, pues, el escenario de un proceso de clarificaci\u00f3n y radicalizaci\u00f3n pol\u00edtica; sin embargo, \u00e9ste s\u00f3lo ha calado en una franja limitada de las clases trabajadoras, incluso dentro de las fracciones m\u00e1s favorables al movimiento, en zonas rurales o semirurales, as\u00ed como en peque\u00f1as ciudades en particular. Esto es sin duda tanto m\u00e1s cierto cuanto que existe una gran distancia entre la adhesi\u00f3n al movimiento (que puede ser extremadamente amplia, como en el movimiento actual, y en menor medida al principio de los \u00abchalecos amarillos\u00bb) y la participaci\u00f3n real en las movilizaciones (sobre todo, cuando esta participaci\u00f3n se reduce a una o varias manifestaciones, cuyos efectos politizadores son mucho menores que una huelga, a fortiori cuando esta \u00faltima es de larga duraci\u00f3n y se basa en una gran participaci\u00f3n en las asambleas generales).<\/p>\n<p>Uno de los graves problemas para la izquierda social y pol\u00edtica reside, pues, en conseguir mantener y profundizar el movimiento all\u00ed donde se ha desarrollado, extendi\u00e9ndolo al mismo tiempo a sectores o franjas de la juventud donde el nivel de conciencia de clase -marcado por el hecho de organizarse colectivamente, en particular en sindicatos, y de movilizarse por los propios intereses, sobre la base de una representaci\u00f3n m\u00e1s o menos clara y coherente de estos intereses- se sit\u00faa a un nivel mucho m\u00e1s bajo. En estos \u00faltimos sectores y en estas grandes capas de la poblaci\u00f3n, lo que est\u00e1 en juego est\u00e1 a mil kil\u00f3metros de las grandes proclamas sobre el \u00abmomento prerrevolucionario\u00bb: conseguir atraer a un gran n\u00famero de trabajadores hacia una primera jornada de huelga y manifestaci\u00f3n, lograr que participen en una asamblea general para decidir colectivamente las modalidades de acci\u00f3n, etc. En esta perspectiva, la consigna mec\u00e1nica y abstracta de denunciar a las \u00abdirecciones traidoras\u00bb no s\u00f3lo es una pista falsa, sino que la mayor\u00eda de las veces es un obst\u00e1culo.<\/p>\n<p>11<br \/>\nEvidentemente, se plantea la cuesti\u00f3n de la salida pol\u00edtica para el movimiento. Las movilizaciones sociales -por muy masivas y radicales que sean- no generan espont\u00e1neamente perspectivas pol\u00edticas, sobre todo cuando evitan deliberadamente la cuesti\u00f3n del poder y la necesaria confrontaci\u00f3n pol\u00edtica (lo que Daniel Bensa\u00efd denomin\u00f3 \u00abilusi\u00f3n social\u00bb). Esto es tanto m\u00e1s cierto en el caso que nos ocupa cuanto que el movimiento se ha caracterizado hasta ahora por un bajo nivel de autoorganizaci\u00f3n y coordinaci\u00f3n. Sin embargo, esto no quiere decir que los movimientos sociales deban contentarse con un papel subordinado frente a las fuerzas pol\u00edticas, que son las \u00fanicas capaces de proponer perspectivas. Es m\u00e1s bien en el marco de una dial\u00e9ctica de colaboraci\u00f3n-confrontaci\u00f3n entre el movimiento social y la izquierda, de una unidad que no impida el debate m\u00e1s abierto sobre las orientaciones y perspectivas, que debemos imaginar una propuesta pol\u00edtica de ruptura.<br \/>\nEmpecemos por decir a este respecto hasta qu\u00e9 punto la perspectiva de un Refer\u00e9ndum de Iniciativa Compartida (RIP), defendida en particular por el PCF, est\u00e1 muy por debajo del potencial abierto por el movimiento y no responde en absoluto al imperativo, para la izquierda, de avanzar una soluci\u00f3n a la crisis pol\u00edtica. Supondr\u00eda recoger 4,8 millones de firmas, lo que exigir\u00eda mucho trabajo militante durante nueve meses. Esto desviar\u00eda las energ\u00edas hacia un terreno puramente peticionario cuando se trata actualmente de extender la movilizaci\u00f3n, y mientras la Macronia anuncia ya nuevos proyectos mort\u00edferos (no s\u00f3lo la ley Darmanin, sino tambi\u00e9n una ley sobre el trabajo y el empleo). Adem\u00e1s, incluso si se recogen los 4,8 millones de firmas, la propuesta de refer\u00e9ndum todav\u00eda tiene que ser examinada por las dos c\u00e1maras en un plazo de seis meses\u2026 Tambi\u00e9n podr\u00edamos decir que la situaci\u00f3n habr\u00e1 cambiado en gran medida en el \u00ednterin, tal vez en detrimento del movimiento, y que tal propuesta no permite de ninguna manera impulsar la triple ventaja que la movilizaci\u00f3n tiene aqu\u00ed y ahora: una huelga arraigada en varios sectores clave, una movilizaci\u00f3n multiforme y que se ha vuelto inaprensible en el curso de la \u00faltima semana, y una opini\u00f3n p\u00fablica en gran medida conquistada.<\/p>\n<p>A veces se plantea la idea de un \u00abMayo del 68 que llegue hasta el final\u00bb. El eslogan es atractivo, sobre todo porque Mayo del 68 sigue siendo una referencia positiva (aunque sin duda vaga) para amplios sectores de la poblaci\u00f3n, en particular los que est\u00e1n movilizados actualmente. Sin embargo, como dec\u00edamos m\u00e1s arriba, no es seguro que la analog\u00eda con Mayo del 68 sea eficaz en este caso, m\u00e1s all\u00e1 de los efectos de agitaci\u00f3n que puede producir un eslogan. Pero es sobre todo la idea de \u00abllegar hasta el final\u00bb la que no parece muy clara. Si se trata de decir que hay que ir hasta el final de las esperanzas de emancipaci\u00f3n y de ruptura con el capitalismo suscitadas por el movimiento de mayo-junio del 68, nos parece evidente. Pero esto no responde a las cuestiones estrat\u00e9gicas inmediatas que se plantean para el movimiento y para la izquierda.<\/p>\n<p>Con la politizaci\u00f3n de la lucha y el enorme nivel de desconfianza hacia el poder pol\u00edtico, s\u00f3lo una propuesta que articule la retirada inmediata de la contrarreforma, la disoluci\u00f3n de la Asamblea Nacional y la celebraci\u00f3n de nuevas elecciones parece estar a la altura de lo que est\u00e1 en juego, sin caer en el doble escollo del maximalismo verbal y del fetichismo de las formulas pasadas. Evidentemente, la ruptura pol\u00edtica no se reduce a la escena electoral, pero como nos recordaba aqu\u00ed de nuevo Daniel Bensa\u00efd: \u00abEs bastante evidente, con m\u00e1s raz\u00f3n en los pa\u00edses con una tradici\u00f3n parlamentaria de m\u00e1s de cien a\u00f1os, donde el principio del sufragio universal est\u00e1 s\u00f3lidamente establecido, que no se puede imaginar un proceso revolucionario m\u00e1s que como una transferencia de legitimidad dando preponderancia al \u201csocialismo desde abajo\u201d, pero en interferencia con las formas representativas\u00bb (el subrayado es nuestro).<\/p>\n<p>Por supuesto, es necesario a\u00f1adir a estas consignas la lucha por un gobierno de izquierdas de ruptura, lo que implica precisar elementos del programa, en particular en torno a cuestiones centrales e inmediatas para todos los sectores de las clases trabajadoras y, m\u00e1s ampliamente, del asalariado: jubilaci\u00f3n a los 60 a\u00f1os con salario \u00edntegro para todos (a los 55 para los trabajos f\u00edsicamente extenuantes), aumento inmediato de los salarios e indexaci\u00f3n a la inflaci\u00f3n (escala m\u00f3vil de salarios), congelaci\u00f3n de precios y alquileres, permanencia de los trabajadores precarios en el sector p\u00fablico y paso a contratos de trabajo estables en el sector privado, medidas proactivas contra la discriminaci\u00f3n sist\u00e9mica de g\u00e9nero y racial en el empleo, los salarios y las pensiones, contrataci\u00f3n masiva en la funci\u00f3n p\u00fablica, renacionalizaci\u00f3n inmediata de servicios y bienes p\u00fablicos clave (transportes, energ\u00eda, sanidad, autopistas, etc.), as\u00ed como una planificaci\u00f3n ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p><strong>La cuesti\u00f3n que se plantear\u00eda<\/strong> necesariamente ser\u00eda la de la relaci\u00f3n de los movimientos sociales y, en particular, de los sindicatos -sobre todo de aquellos en los que sigue existiendo un sindicalismo de lucha de clases: la CGT, Solidaires y la FSU- con un gobierno de este tipo, globalmente portador de sus exigencias. Cualquier gobierno de izquierdas con un programa rupturista se encontrar\u00eda bajo una enorme presi\u00f3n de la clase dominante (chantaje sobre las inversiones, presi\u00f3n de las instituciones europeas, etc.). S\u00f3lo una vasta movilizaci\u00f3n popular permitir\u00eda contrarrestar e imponer las propuestas antes mencionadas, en el marco de una confrontaci\u00f3n social cuya din\u00e1mica es fundamentalmente anticapitalista, en la medida en que conduce inevitablemente a plantear la cuesti\u00f3n del poder del capital sobre el conjunto de la sociedad, sobre nuestras vidas y sobre el medioambiente, y por tanto sobre la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n, de intercambio y de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En caso de nuevas elecciones, se abrir\u00eda una nueva batalla pol\u00edtica, pero una victoria del movimiento social sobre la contrarreforma de las pensiones pondr\u00eda a la NUPES -en particular a la fuerza dominante en su seno, que sin duda se ha mostrado la m\u00e1s combativa contra Macron y su proyecto, a saber, LFI- en una posici\u00f3n de fuerza. Esto no significa una v\u00eda regia, ya que las movilizaciones sociales nunca tienen efectos mec\u00e1nicos sobre las relaciones de fuerza electorales (pensemos en Mayo-Junio del 68 y en la elecci\u00f3n de la c\u00e1mara m\u00e1s derechista de la V Rep\u00fablica s\u00f3lo unas semanas despu\u00e9s del movimiento\u2026). Se ha se\u00f1alado anteriormente que el FN\/RN parece ser actualmente la fuerza que m\u00e1s se beneficia del amplio rechazo popular a la contrarreforma, por razones de fondo que las pr\u00e1cticas parlamentarias reales de la extrema derecha no contrabalancean verdaderamente. Sin embargo, hay que tener en cuenta que los sondeos que se realizan actualmente se basan en la hip\u00f3tesis derrotista (ampliamente aceptada por los encuestados en esta fase) de que Macron no dar\u00e1 marcha atr\u00e1s. Si el movimiento resultara finalmente victorioso, la hip\u00f3tesis de un auge pol\u00edtico-electoral de la izquierda no ser\u00eda irreal, aunque nada indique que anular\u00eda pura y simplemente el de la extrema derecha, dada la banalizaci\u00f3n de esta \u00faltima en el paisaje medi\u00e1tico y en el \u00e1mbito pol\u00edtico.<\/p>\n<p>*<br \/>\nEs innegable que la movilizaci\u00f3n ha creado una nueva situaci\u00f3n y la posibilidad de una bifurcaci\u00f3n, en el sentido de una din\u00e1mica de ruptura con el orden establecido. Sin duda, no todo est\u00e1 al alcance de la mano, pero las perspectivas que hace unos meses pod\u00edan parecer irrelevantes son ahora accesibles. No habr\u00e1 tregua en los pr\u00f3ximos d\u00edas y semanas de lucha; de nosotros depende hacer retroceder no s\u00f3lo el poder pol\u00edtico, sino los l\u00edmites de lo posible.<\/p>\n<p>Fuente: jacobiti<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1 El movimiento que se desarrolla en Francia desde el 19 de enero es entusiasmante en muchos sentidos. 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