{"id":20703,"date":"2023-12-03T15:21:07","date_gmt":"2023-12-03T18:21:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.todxs.com.ar\/radio\/?p=20703"},"modified":"2023-12-03T15:21:07","modified_gmt":"2023-12-03T18:21:07","slug":"veredicto-sobre-henry-kissinger","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.todxs.com.ar\/radio\/veredicto-sobre-henry-kissinger\/","title":{"rendered":"Veredicto sobre Henry Kissinger"},"content":{"rendered":"<p>Henry Kissinger ha muerto. Los medios de comunicaci\u00f3n ya est\u00e1n produciendo encendidas denuncias y c\u00e1lidos recuerdos a partes iguales. Quiz\u00e1 ninguna otra figura de la historia estadounidense del siglo XX sea tan polarizadora, tan vehementemente vilipendiada por unos como venerada por otros.<br \/>\nSin embargo, hay un punto en el que todos podemos estar de acuerdo: Kissinger no dej\u00f3 un cad\u00e1ver exquisito. Puede que los obituarios lo describan como afable, catedr\u00e1tico, incluso carism\u00e1tico. Pero seguramente nadie, ni siquiera aduladores de carrera como Niall Ferguson, se atrever\u00e1 a elogiar al tit\u00e1n ca\u00eddo como un personaje atractivo.<\/p>\n<p>C\u00f3mo han cambiado los tiempos.<\/p>\n<p>En la \u00e9poca en que Kissinger era consejero de Seguridad Nacional, Women\u2019s Wear Daily public\u00f3 un titubeante perfil del joven estadista describi\u00e9ndole como \u00abel s\u00edmbolo sexual de la administraci\u00f3n Nixon\u00bb. En 1969, seg\u00fan el perfil, Kissinger asisti\u00f3 a una fiesta llena de miembros de la alta sociedad de Washington con un sobre con la inscripci\u00f3n \u00abTop Secret\u00bb bajo el brazo. Los dem\u00e1s invitados a la fiesta apenas pod\u00edan contener su curiosidad, as\u00ed que Kissinger desvi\u00f3 sus preguntas con una ocurrencia: el sobre conten\u00eda su ejemplar de la \u00faltima revista Playboy (al parecer, a Hugh Hefner le hizo mucha gracia y se asegur\u00f3 de que el consejero de seguridad nacional recibiera una suscripci\u00f3n gratuita).<\/p>\n<p>Lo que el sobre conten\u00eda en realidad era un borrador del discurso de Nixon sobre la \u00abmayor\u00eda silenciosa\u00bb, un discurso ahora famoso que pretend\u00eda trazar una n\u00edtida l\u00ednea entre la decadencia moral de los liberales antibelicistas y la inquebrantable realpolitik de Nixon.<\/p>\n<p>Durante la d\u00e9cada de 1970 \u2014mientras organizaba bombardeos ilegales en Laos y Camboya y permit\u00eda el genocidio en Timor Oriental y Pakist\u00e1n Oriental\u2014 Kissinger era conocido entre la alta sociedad de Beltway como \u00abel playboy del ala occidental\u00bb. Le gustaba que le fotografiaran, y los fot\u00f3grafos le complac\u00edan. Era una fija en las p\u00e1ginas de cotilleos, sobre todo cuando sus escarceos con mujeres famosas saltaban a la luz p\u00fablica, como cuando \u00e9l y la actriz Jill St. John hicieron saltar inadvertidamente la alarma de su mansi\u00f3n de Hollywood una noche, cuando se escabulleron a su piscina (\u00abLe estaba ense\u00f1ando ajedrez\u00bb, explic\u00f3 Kissinger m\u00e1s tarde).<\/p>\n<p>Mientras Kissinger galanteaba con el jet set de Washington, \u00e9l y el presidente \u2014una pareja tan firmemente unida por la cadera que Isaiah Berlin los bautiz\u00f3 como \u00abNixonger\u00bb\u2014 estaban ocupados ideando una marca pol\u00edtica basada en su supuesto desd\u00e9n por la \u00e9lite liberal, cuya moralidad ef\u00edmera, afirmaban, solo pod\u00eda conducir a la par\u00e1lisis. Kissinger desde\u00f1aba ciertamente el movimiento antibelicista, menospreciando a los manifestantes como \u00abuniversitarios de clase media-alta\u00bb y advirtiendo: \u00abLos mismos que gritan \u201cPoder para el pueblo\u201d no van a ser los que se hagan cargo de este pa\u00eds si se convierte en una prueba de fuerza\u00bb. Tambi\u00e9n despreci\u00f3 a las mujeres: \u00abPara m\u00ed las mujeres no son m\u00e1s que un pasatiempo, un hobby. Nadie dedica demasiado tiempo a un pasatiempo\u00bb. Pero es indiscutible que Kissinger sent\u00eda afici\u00f3n por el liberalismo dorado de la alta sociedad, las fiestas exclusivas y las cenas de filetes y los flashes.<\/p>\n<p>Y para que no lo olvidemos, la alta sociedad le correspond\u00eda. Gloria Steinem, compa\u00f1era ocasional de cenas, llam\u00f3 a Kissinger \u00abel \u00fanico hombre interesante de la administraci\u00f3n Nixon\u00bb. La columnista de chimentos Joyce Haber lo describi\u00f3 como \u00abmundano, chistoso, sofisticado y un caballero con las mujeres\u00bb. Hef le consideraba un amigo, y en una ocasi\u00f3n afirm\u00f3 en prensa que una encuesta entre sus modelos revel\u00f3 que Kissinger era el hombre m\u00e1s deseado para citas en la mansi\u00f3n Playboy.<\/p>\n<p>Este encaprichamiento no termin\u00f3 con los a\u00f1os setenta. Cuando Kissinger cumpli\u00f3 noventa a\u00f1os en 2013, a la celebraci\u00f3n de su cumplea\u00f1os con alfombra roja asisti\u00f3 una multitud bipartidista que inclu\u00eda a Michael Bloomberg, Roger Ailes, Barbara Walters e incluso al \u00abveterano de la paz\u00bb John Kerry, junto con otras 300 personalidades. Un art\u00edculo de Women\u2019s Wear Daily \u2014que continu\u00f3 con su cobertura de Kissinger en el nuevo milenio\u2014 informaba de que Bill Clinton y John McCain pronunciaron los brindis de cumplea\u00f1os en un sal\u00f3n de baile decorado en chinoiserie, para complacer al invitado de honor de la noche (McCain, que pas\u00f3 m\u00e1s de cinco a\u00f1os como prisionero de guerra, describi\u00f3 su \u00abmaravilloso afecto\u00bb por Kissinger, \u00abdebido a la guerra de Vietnam, que fue algo que tuvo un enorme impacto en la vida de ambos\u00bb). A continuaci\u00f3n, el propio cumplea\u00f1ero subi\u00f3 al escenario, donde \u00abrecord\u00f3 a los invitados el ritmo de la historia\u00bb y aprovech\u00f3 la ocasi\u00f3n para predicar el evangelio de su causa favorita: el bipartidismo.<\/p>\n<p>La capacidad de Kissinger para el bipartidismo era c\u00e9lebre (los republicanos Condoleezza Rice y Donald Rumsfeld asistieron al principio de la velada, y m\u00e1s tarde la dem\u00f3crata Hillary Clinton entr\u00f3 por una entrada de carga con los brazos abiertos, preguntando: \u00ab\u00bfListos para el segundo asalto?\u00bb). Durante la fiesta, McCain se deshizo en elogios hacia Kissinger: \u00abHa sido consultor y asesor de todos los presidentes, republicanos y dem\u00f3cratas, desde Nixon\u00bb. Probablemente, el senador McCain habl\u00f3 en nombre de todos los presentes en el sal\u00f3n de baile cuando continu\u00f3: \u00abNo conozco a nadie m\u00e1s respetado en el mundo que Henry Kissinger\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, gran parte del mundo vilipendiaba a Henry Kissinger. El exsecretario de Estado evit\u00f3 incluso visitar varios pa\u00edses por miedo a que le detuvieran y le acusaran de cr\u00edmenes de guerra. En 2002, por ejemplo, un tribunal chileno le exigi\u00f3 que respondiera a preguntas sobre su papel en el golpe de estado de 1973 en ese pa\u00eds. En 2001, un juez franc\u00e9s envi\u00f3 agentes de polic\u00eda a la habitaci\u00f3n del hotel de Kissinger en Par\u00eds para entregarle una solicitud formal de interrogatorio sobre el mismo golpe, durante el cual desaparecieron varios ciudadanos franceses (aparentemente imperturbable, el estadista convertido en asesor privado remiti\u00f3 el asunto al Departamento de Estado y embarc\u00f3 en un avi\u00f3n con destino a Italia). Por la misma \u00e9poca, anul\u00f3 un viaje a Brasil despu\u00e9s de que empezaran a circular rumores de que ser\u00eda detenido y obligado a responder a preguntas sobre su papel en la Operaci\u00f3n C\u00f3ndor, la trama de los a\u00f1os setenta que uni\u00f3 a las dictaduras sudamericanas para hacer desaparecer a los opositores exiliados de las dem\u00e1s. Un juez argentino que investigaba la operaci\u00f3n ya hab\u00eda nombrado a Kissinger como posible \u00abacusado o sospechoso\u00bb en una futura acusaci\u00f3n penal.<\/p>\n<p>Pero en Estados Unidos, Kissinger era intocable. All\u00ed, uno de los carniceros m\u00e1s prol\u00edficos del siglo XX muri\u00f3 como vivi\u00f3: querido por los ricos y poderosos, independientemente de su afiliaci\u00f3n partidista. La raz\u00f3n del atractivo bipartidista de Kissinger es sencilla: fue un estratega de primer orden del imperio estadounidense del capital en un momento cr\u00edtico del desarrollo de ese imperio.<\/p>\n<p><strong>Veredicto sobre Henry Kissinger<\/strong><br \/>\nNo es de extra\u00f1ar que el establishment pol\u00edtico considerara a Kissinger un activo y no una aberraci\u00f3n. Encarnaba lo que los dos partidos gobernantes tienen en com\u00fan: el compromiso de mantener el capitalismo y la determinaci\u00f3n de garantizar condiciones favorables para los inversores estadounidenses en la mayor parte del mundo posible. Ajeno a la verg\u00fcenza y a la inhibici\u00f3n, Kissinger fue capaz de guiar al imperio estadounidense a trav\u00e9s de un periodo traicionero de la historia mundial, en el que el ascenso de Estados Unidos hacia el dominio global parec\u00eda, de hecho, a veces al borde del colapso.<br \/>\nEn un periodo anterior, la pol\u00edtica de preservaci\u00f3n capitalista hab\u00eda sido un asunto relativamente sencillo. Las rivalidades entre las potencias capitalistas avanzadas conduc\u00edan peri\u00f3dicamente a guerras espectaculares que establec\u00edan jerarqu\u00edas entre las naciones capitalistas, pero que hac\u00edan relativamente poco por interrumpir la marcha hacia adelante del capital en todo el mundo. Como ventaja a\u00f1adida, dado que estas conflagraciones eran tan destructivas, ofrec\u00edan oportunidades peri\u00f3dicas para renovar la inversi\u00f3n, una forma de retrasar las crisis de sobreproducci\u00f3n end\u00e9micas del desarrollo capitalista.<\/p>\n<p>Es cierto que, a medida que las metr\u00f3polis capitalistas afirmaban el control sobre los territorios que se apoderaban en todo el mundo, el imperialismo atrajo la oposici\u00f3n masiva de los oprimidos. Surgieron movimientos anticoloniales para desafiar los t\u00e9rminos del desarrollo global en todos los lugares donde se estableci\u00f3 el colonialismo pero, con algunas excepciones notables, estos movimientos fueron incapaces de repeler a las agresivas potencias imperiales. Incluso cuando las luchas anticoloniales tuvieron \u00e9xito, soltar las cadenas de una potencia imperial a menudo significaba exponerse a la invasi\u00f3n de otra (en las Am\u00e9ricas, por ejemplo, la retirada de los espa\u00f1oles de sus colonias de ultramar signific\u00f3 que Estados Unidos asumiera el papel de nuevo hegem\u00f3n regional a principios del siglo XX, afirmando su dominio sobre lugares que, como Puerto Rico, los dirigentes estadounidenses consideraban \u00abextranjeros en un sentido dom\u00e9stico\u00bb). Durante todo este tiempo, el colonialismo \u2014al igual que el capitalismo\u2014 a menudo parec\u00eda en gran medida inquebrantable.<\/p>\n<p>Pero tras la Segunda Guerra Mundial, el eje de la pol\u00edtica mundial cambi\u00f3.<\/p>\n<p>Cuando el humo se dispers\u00f3 finalmente sobre Europa, revel\u00f3 un mundo casi irreconocible para las \u00e9lites. Londres estaba en ruinas. Alemania estaba hecha pedazos, dividida por dos de sus rivales. Jap\u00f3n fue anexionado de hecho por Estados Unidos, para rehacerlo a su imagen y semejanza. La Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica hab\u00eda generado una econom\u00eda industrial a una velocidad inigualable, y ahora ten\u00eda un verdadero peso geopol\u00edtico. Mientras tanto, Estados Unidos, en pocas generaciones, hab\u00eda desplazado a Gran Breta\u00f1a como potencia militar y econ\u00f3mica sin rival en la escena mundial.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s importante fue que la Segunda Guerra Mundial proporcion\u00f3 una se\u00f1al definitiva a los pueblos de todo el mundo colonizado de que el colonialismo era insostenible. El dominio de Europa agonizaba. Un periodo hist\u00f3rico caracterizado por las guerras entre las potencias del Primer Mundo (o Norte Global) dio paso a un periodo de conflictos anticoloniales sostenidos en el Tercer Mundo (o Sur Global).<\/p>\n<p>Estados Unidos, tras emerger de la Segunda Guerra Mundial como nuevo hegem\u00f3n mundial, habr\u00eda salido perdiendo de cualquier realineamiento global que restringiera la libre circulaci\u00f3n del capital inversor estadounidense. En este contexto, el pa\u00eds asumi\u00f3 un nuevo papel geopol\u00edtico. En el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, la era de Kissinger, Estados Unidos se convirti\u00f3 en el garante del sistema capitalista mundial.<\/p>\n<p>Pero garantizar la salud del sistema en su conjunto no siempre equival\u00eda a asegurar el dominio de las empresas estadounidenses. M\u00e1s bien, el Estado estadounidense necesitaba administrar un orden mundial propicio para el desarrollo y el florecimiento de una clase capitalista internacional. Estados Unidos se convirti\u00f3 en el principal arquitecto del capitalismo atl\u00e1ntico de posguerra, un r\u00e9gimen comercial que vinculaba los intereses econ\u00f3micos de Europa Occidental y Jap\u00f3n a las estrategias empresariales estadounidenses. En otras palabras, para preservar un orden capitalista mundial que defend\u00eda ante todo a las empresas estadounidenses \u2014no a las empresas\u2014, Estados Unidos necesitaba fomentar el desarrollo capitalista exitoso de sus rivales. Esto significaba generar nuevos centros capitalistas, como Jap\u00f3n, y facilitar el restablecimiento de econom\u00edas europeas sanas.<\/p>\n<p>Sin embargo, como sabemos, las metr\u00f3polis europeas se estaban escindiendo r\u00e1pidamente de sus colonias. Los movimientos de liberaci\u00f3n nacional amenazaban los intereses centrales que Estados Unidos se hab\u00eda comprometido a proteger, perturbando el mercado mundial unificado que el pa\u00eds quer\u00eda coordinar. Por tanto, la promoci\u00f3n de los intereses estadounidenses adquiri\u00f3 una dimensi\u00f3n geopol\u00edtica m\u00e1s amplia. La \u00e9lite del poder en Washington se comprometi\u00f3 a derrotar los desaf\u00edos a la hegemon\u00eda capitalista en cualquier parte del mundo donde surgieran. Para ello, el estado de seguridad nacional estadounidense despleg\u00f3 una variedad de medios: apoyo militar a reg\u00edmenes reaccionarios; sanciones econ\u00f3micas; intromisi\u00f3n electoral; coacci\u00f3n; manipulaci\u00f3n comercial; comercio t\u00e1ctico de armas y, en algunos casos, intervenci\u00f3n militar directa.<\/p>\n<p>A lo largo de su carrera, lo que m\u00e1s preocup\u00f3 a Kissinger fue la posibilidad latente de que los pa\u00edses subordinados pudieran actuar por su cuenta para crear una esfera alternativa de influencia y comercio. Estados Unidos no dud\u00f3 en poner fin a tales iniciativas independientes cuando surgieron. Si un pa\u00eds se resist\u00eda al camino que le marcaban las condiciones del desarrollo capitalista mundial, los estadounidenses lo somet\u00edan a garrotazos. No se pod\u00eda tolerar el desaf\u00edo, no con tanta riqueza y poder pol\u00edtico en juego. Durante su vida, Kissinger fue sin\u00f3nimo de esta pol\u00edtica. Comprend\u00eda sus objetivos y requisitos estrat\u00e9gicos mejor que nadie entre la clase dirigente estadounidense.<\/p>\n<p>Por tanto, las pol\u00edticas concretas que Kissinger aplic\u00f3 no ten\u00edan tanto que ver con la promoci\u00f3n de los beneficios de las empresas estadounidenses como con la garant\u00eda de unas condiciones saludables para el capital en general. Este es un punto importante, a menudo descuidado en los estudios simplistas sobre el imperio estadounidense. Con demasiada frecuencia, los radicales asumen un v\u00ednculo directo entre los intereses de determinadas corporaciones estadounidenses en el extranjero y las acciones del Estado estadounidense. Y en algunos casos, esta suposici\u00f3n puede verse respaldada por la historia, como la destituci\u00f3n por el Ej\u00e9rcito estadounidense en 1954 del reformador social guatemalteco Jacobo \u00c1rbenz, llevada a cabo en parte debido a las presiones de la United Fruit Company.<\/p>\n<p>Pero en otros casos, sobre todo los que encontramos en los espinosos enredos de la carrera de Kissinger, esta suposici\u00f3n oscurece m\u00e1s de lo que revela. Tras el golpe de estado contra el chileno Salvador Allende, por ejemplo, la administraci\u00f3n Nixon no presion\u00f3 a sus aliados de la junta derechista para que devolvieran las minas previamente nacionalizadas a las empresas estadounidenses Kennecott y Anaconda. Devolver las propiedades confiscadas a las empresas estadounidenses era poca cosa. El objetivo principal de \u00abNixonger\u00bb se cumpli\u00f3 en el momento en que Allende fue apartado del poder: la v\u00eda democr\u00e1tica de Chile hacia el socialismo ya no amenazaba con generar una alternativa sist\u00e9mica al capitalismo en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Contrariamente a la sabidur\u00eda convencional, la comprobaci\u00f3n del expansionismo sovi\u00e9tico apenas fue un factor importante que diera forma a la pol\u00edtica exterior estadounidense durante la Guerra Fr\u00eda. Los planes estadounidenses de respaldar el capitalismo internacional por la fuerza se decidieron ya en 1943, cuando a\u00fan no estaba claro si los sovi\u00e9ticos sobrevivir\u00edan siquiera a la guerra. E incluso al principio de la Guerra Fr\u00eda, la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica carec\u00eda de la voluntad y la capacidad para expandirse m\u00e1s all\u00e1 de sus sat\u00e9lites regionales. Los movimientos de Stalin para estabilizar el \u00absocialismo en un solo pa\u00eds\u00bb surgieron como una estrategia defensiva, y Rusia se comprometi\u00f3 con la distensi\u00f3n como la mejor apuesta para su existencia continuada, exigiendo \u00fanicamente un anillo de estados tap\u00f3n que la protegieran de las invasiones occidentales.<\/p>\n<p>Por esta raz\u00f3n, una generaci\u00f3n de militantes de izquierda de Am\u00e9rica Latina, Asia y Europa (basta con preguntar a los griegos) interpretan la llamada Guerra Fr\u00eda como una venta en serie de Mosc\u00fa a los movimientos de liberaci\u00f3n de todo el mundo. A pesar del histrionismo p\u00fablico de Kissinger en apoyo de la \u00abcivilizaci\u00f3n de mercado occidental\u00bb, la amenaza de la expansi\u00f3n sovi\u00e9tica solo se utiliz\u00f3 realmente en la pol\u00edtica exterior estadounidense como herramienta ret\u00f3rica.<\/p>\n<p>Es comprensible, pues, que el formato de la econom\u00eda mundial no cambiara tan dr\u00e1sticamente tras la ca\u00edda de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica. La neoliberalizaci\u00f3n de los a\u00f1os 90 represent\u00f3 una intensificaci\u00f3n del programa global que Estados Unidos y sus aliados hab\u00edan perseguido todo el tiempo. Y hoy, el Estado estadounidense contin\u00faa en su papel de garante global del capitalismo de libre mercado, incluso cuando los gobiernos del Tercer Mundo, temerosos de las repercusiones geopol\u00edticas, realizan contorsiones pol\u00edticas para evitar enfrentarse frontalmente al capital estadounidense. Por ejemplo, a partir de 2002, Washington empez\u00f3 a respaldar los esfuerzos para derrocar al presidente de Venezuela, Hugo Ch\u00e1vez, aunque los gigantes petroleros estadounidenses siguieran perforando en Maracaibo y el crudo venezolano siguiera llegando a Houston y Nueva Jersey.<\/p>\n<p>La doctrina Kissinger persiste en la actualidad: si los pa\u00edses soberanos se niegan a integrarse en los planes m\u00e1s amplios de Estados Unidos, el Estado de seguridad nacional estadounidense actuar\u00e1 r\u00e1pidamente para socavar su soberan\u00eda. Esto es lo de siempre para el imperio estadounidense, independientemente del partido que ocupe la Casa Blanca, y Kissinger, mientras vivi\u00f3, fue uno de los principales administradores de este statu quo.<\/p>\n<p><strong>Obituario con hurras<\/strong><br \/>\nHenry Kissinger por fin ha muerto. Decir que era un mal hombre roza el clich\u00e9, pero no deja de ser un hecho. Y ahora, por fin, se ha ido.<br \/>\nAun as\u00ed, nuestro alivio colectivo no debe desviarnos de una valoraci\u00f3n m\u00e1s profunda. A fin de cuentas, Kissinger debe ser rechazado por algo m\u00e1s que por su singular aceptaci\u00f3n de la atrocidad en nombre del poder estadounidense. Como progresistas y socialistas, debemos ir m\u00e1s all\u00e1 de ver a Kissinger como un s\u00f3rdido pr\u00edncipe de las sombras imperialistas, una figura a la que solo se puede hacer frente litigiosamente, en la fr\u00eda mirada de un tribunal imaginario. Su repugnante frialdad y su despreocupaci\u00f3n por sus resultados, a menudo genocidas, no deben impedirnos verle como era: una encarnaci\u00f3n de las pol\u00edticas oficiales estadounidenses.<\/p>\n<p>Al mostrar que el comportamiento de Kissinger es parte integrante del expansionismo estadounidense en general, esperamos reunir una cr\u00edtica pol\u00edtica y moral de la pol\u00edtica exterior estadounidense, una pol\u00edtica exterior que subvierte sistem\u00e1ticamente las ambiciones populares y socava la soberan\u00eda en defensa de las \u00e9lites, tanto extranjeras como nacionales.<\/p>\n<p>La muerte de Kissinger ha librado al mundo de un gestor homicida del poder estadounidense, y tenemos la intenci\u00f3n de bailar sobre su tumba. Desde Jacobin Magazine han preparado un libro para esta ocasi\u00f3n, un cat\u00e1logo de los oscuros logros de Kissinger en el transcurso de una larga carrera de carnicer\u00eda p\u00fablica. En \u00e9l, algunos de los mejores historiadores radicales del mundo dividen en episodios digeribles la historia m\u00e1s larga del ascenso estadounidense en la segunda mitad del siglo XX.<\/p>\n<p>En un momento del libro, el historiador Gerald Horne cuenta una an\u00e9cdota sobre la vez que Kissinger estuvo a punto de ahogarse mientras navegaba en canoa bajo la mayor catarata del mundo. Es una historia divertida, que resulta a\u00fan m\u00e1s estimulante al saber que el tiempo ha logrado por fin lo que las cataratas Victoria no consiguieron hace tantas d\u00e9cadas. Pero para que no lo celebremos demasiado pronto, debemos recordar que el Estado de seguridad nacional estadounidense que lo produjo sigue vivito y coleando.<\/p>\n<p>Jacobinlat.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Henry Kissinger ha muerto. Los medios de comunicaci\u00f3n ya est\u00e1n produciendo encendidas denuncias y c\u00e1lidos recuerdos a partes iguales. 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