Memorias | mayo 16, 2020

“El Negrito era un militante de primera”


La noche del 15 de abril de 1976, la dictadura militar secuestró y desapareció al “Negrito” Floreal Avellaneda. El 14 de mayo de ese mismo año, su cuerpo apareció en las costas uruguayas. A 44 años compartimos el recuerdo con su madre, Iris Etelvina Pereyra, luchadora incansable, quien nunca dejará de pedir justicia.

FOTO: Pablo Tesoriere

ANDAR en la memoria

(Agencia) Nacido en Rosario, el 14 de mayo de 1960, Floreal Edgardo Avellaneda comenzó a militar desde muy pequeño. Su madre, Iris Pereyra, lo recuerda como un chico lleno de sueños, “un militante de primera”, con ideales marcados por la historia de su familia, ligada a los derechos de la clase trabajadora y los más vulnerables.

Con tan sólo 12 años el Negrito se afilió a la Federación Juvenil Comunista (la Fede). Tanto Iris como Floreal, su padre, eran militantes en el Partido Comunista. Su casa, en Munro, había sido local del partido. La historia había comenzado con su abuela, quien había sido cofundadora del PC en Vicente López, y de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre –hoy Liga Argentina de los Derechos Humanos-, allá por el año 1935, cuando la organización llevaba el nombre de Socorro Rojo.

El Negrito era muy inteligente y terminó la escuela un año adelantado. Le gustaba nadar y lo hacía muy bien. “Tengo guardadas sus medallas”, cuenta Iris del Negrito, que había ganado varios torneos. Quería ser mecánico de aviación y en aquel momento el único lugar donde podía anotarse era en la Escuela de Mecánica de la Armada. Allí ingresó pero duró poco menos de tres meses porque no estaba de acuerdo con las prácticas que se ejercían: “a los que no sabían nadar los tiraban de un empujón al agua, entonces él se puso mal y se agarró a piñas con uno de los milicos”, cuenta Iris.

La familia Avellaneda vivió unos años en Rosario. Floreal tenía trabajo, pero alquilaban y la situación económica se fue complicando. Por eso, a los pocos meses de haber nacido el Negrito se volvieron a Buenos Aires y edificaron en una parte del terreno de su suegra, en Munro.

“Ahí el Negrito se crió, mamó todo lo nuestro, lo que hicimos nosotros, nuestra militancia, nuestra lucha”, dice Iris. “Él se había afiliado muy chiquito a la Federación Comunista, porque él mamó todo lo de su abuela, lo de su padre, tenía la escuela en la casa”. Iris recuerda cómo reflexionaba con respecto a la educación, y todavía se asombra de lo chiquito que era para pensar así. “Él decía ´mamá, papá, ¿cómo puede ser que en la escuela no haya un centro de estudiantes, donde se defienda al niño y que los papás no tengan que pagar las escuelas, ni la ropa, ni los útiles? Eso tiene que darlo el Estado’”.

El Negrito se encargaba de la propaganda de la Fede, desde pintadas hasta la impresión de volantes y revistas. “Hacía los volantes y todas las revistitas porque en esa época no había fotocopiadora”, recuerda Iris. “Teníamos que hacerlo con el mimeógrafo. Él se dedicaba a la parte de prensa donde nos hacía los afiches y esas cosas”.

Iris, quien también milita en el comunismo y en la Liga Argentina por los Derechos Humanos, sostiene que allí está el impulso del Negrito. “La Liga es sagrada, es una organización que defiende a los presos políticos. Nosotros también estamos trabajando en las cárceles por el maltrato de los compañeros de los presos comunes; ¿por qué los tienen que tratar así?, son seres humanos. Siempre lo pensé así. Tengo el recuerdo del Negrito que siempre luchó por su ideal, por su solidaridad con la gente. Siempre lo mantendré mientras tenga vida”.

Seguir la lucha

La noche del 15 de abril de 1976 una patota del Ejército llegó a la casa de los Avellaneda. Buscaban a Floreal padre, que había sido delegado en la fábrica Tensa, una empresa metalúrgica de Munro, de la que lo habían echado en 1974. La hermana de Floreal, cuñada de Iris que vivía en la casa de adelante, corrió a avisar que lo estaban buscando, diciendo que eran “los de la Triple A”. Entonces Floreal se apuró y como pudo escapó por el techo. Los militares, en lugar de Floreal se llevaron a Iris y al Negrito. En la casa quedó sola la hija menor de los Avellaneda, de 12 años.

“Cuando nos llevan de casa, que fue más o menos a las 2 de la mañana, nos llevan a la comisaría de Villa Martelli y a ahí lo escuché al Negrito y me dice ‘mami, decí que papi se escapó’. Yo sentía los gritos de él cuando lo estaban torturando y yo creo que él escuchaba cuando me estaban torturando a mí. Y bueno esas fueron las últimas palabras que sentí de él, de la voz de él”.

A Iris la trasladaron al ex centro clandestino de detención (CCD) El campito, donde la tuvieron 15 días. Después se enteraría que el Negrito también había estado allí antes de ser arrojado al mar en los vuelos de la muerte. El destino de Iris siguió hacia la cárcel de Olmos y, en noviembre del mismo año, a Devoto. Finalmente recuperó la libertad en 1978.

“Salí en libertad desesperada por ir a buscarlo al Negrito, porque me enteré cuando salí en libertad, recién en ese momento se animaron a decírmelo. Bueno, a partir de esa fecha no he parado de militar buscando justicia. No solamente por el Negrito sino por los 30 mil compañeros que lucharon por un país mejor”, remarca Iris.

A partir de esa lucha, en el año 2009 el caso llegó a juicio, con condenas firmes para todos los acusados. Santiago Riveros, ex comandante de Institutos Militares, fue condenado a prisión perpetua. Otros cinco ex militares recibieron penas de entre 8 y 25 años de prisión, todas de cumplimiento en cárceles comunes. Los otros acusados eran el general Fernando Verplaetsen, jefe de inteligencia en Campo de Mayo, y el entonces jefe de la Escuela de Infantería, general Osvaldo García; los capitanes César Fragni y Rául Harsich, que estaban a cargo del centro de detención ilegal El Campito, y Alberto Aneto, el principal de la comisaría de Villa Martelli que fue reconocido como jefe de los operativos de secuestro y tortura en Campo de Mayo.

“Eso para nosotros fue un alivio a medias, porque a esta altura del partido ya son 44 años y el cadáver no aparece”, advierte Iris. El 14 de mayo de 1976 –el mismo día que hubiera cumplido los 15 años- el cuerpo del Negrito fue encontrado en las costas uruguayas junto con otros siete cadáveres. El mismo Rodolfo Walsh lo nombra en su Carta Abierta a la Junta Militar cuando denuncia la cantidad de crímenes que venía cometiendo la dictadura. Un fotógrafo pudo registrar ese momento, lo que se convirtió en un elemento fundamental. “Fueron terribles esas fotos, pero gracias a eso, pudimos hacer juicio en Argentina en el 2009”.

El diario Crónica anunció en aquel momento que habían aparecido ocho cadáveres en el Río de La Plata, uno de ellos con las letras F y A -las de sus iniciales- tatuadas, al igual que su padre. Por eso lograron identificarlo. Tiempo más tarde, cuando Iris salió en libertad, comenzaron los trámites para trasladarlo a la Argentina, pero entonces el cuerpo del Negrito había desaparecido. “En el 85 recién pudimos presentar la querella en el Uruguay, y ahí se declararon incompetentes los jueces. ¡Lógico!, cómo no se iban a declarar incompetentes si ellos estaban en la misa situación que nosotros”, resalta Iris indignada, con relación a la justicia y a un contexto similar que se había vivido en ambos países en tiempos del Plan Cóndor. “Hasta ahora, 2020, no tenemos ninguna noticia de qué hicieron con él, si lo enterraron o qué es lo que hicieron. Porque tanto la justicia uruguaya como la argentina no dan explicación de nada, no se sabe qué hicieron con él”.

Sembrar la semilla

La historia del Negrito, su figura y su militancia se vuelven presentes en cada homenaje que se realiza, escuelas que llevan su nombre, centros culturales, comedores, bibliotecas. En el año 2009 se colocó una placa en la escuela 10 de Munro, donde cursó 7° grado, también se le cambió la denominación a un colegio de Ensenada que se llamaba Policía Federal argentina por el de Floreal Negrito Avellaneda. Y, de esa forma, son las nuevas generaciones las que van tomando la posta del recuerdo.

“Para mí es una satisfacción, porque hemos sembrado mucha semillita, que los jóvenes tengan esa alegría de llevar la remera con la carita del Negrito”, dice Iris, que da charlas en universidades y en escuelas transmitiendo la memoria de su hijo. “Y el cariño que te dan los jóvenes, los adolescentes, es una alegría grande porque se te viene a la memoria lo que el Negrito quería, luchar por un colegio del Estado, que haya buena educación y que no sea privada, porque lo privado es para sacarte plata del bolsillo y la enseñanza, si vos no podes pagar las cuentas, chau, te echan del colegio. Por eso yo siempre peleo por el colegio del Estado”.

Que se conozca la historia

El CCD El campito es uno de los CCD más grandes: se estima que 5 mil personas pasaron por allí de las cuales sobrevivieron muy pocas. Se ubica en el predio de Campo de Mayo, en San Miguel, donde también se encuentran otros espacios emblemáticos: la pista de aterrizaje, de dónde salían los vuelos de la muerte; la Cárcel de encausados (Unidad penal 34), donde están alojados muchos de los genocidas; el CCD conocido como Las Casitas y el Hospital Militar, a donde llevaban a las embarazadas a parir para después apropiar a sus bebés.

En marzo de 2018 el ex presidente Mauricio Macri había anunciado la utilización de Campo de Mayo para la creación de un parque nacional, lo que produjo la reacción de los diferentes organismos de derechos humanos, personas que habían estado detenidas en el lugar, familiares y compañeros de las víctimas.

En cambio, el 1 de marzo de este año, el presidente Alberto Fernández anunció la creación en el lugar de un sitio de memoria. “Cuando nos enteramos que Macri quería hacer un parque nacional enseguida iniciamos acciones para que no se le dé lugar. Y bueno, la alegría grande fue cuando, yo estaba sola acá en la cocina escuchándolo (al presidente Alberto Fernández) y cuando habló de El Campito las lágrimas mías brotaron de alegría porque era lo que nosotros queríamos”, cuenta Iris, quien desde hace un año preside la nueva comisión que formaron sobrevivientes, familiares y compañeros de Campo de Mayo. “Tanta lucha que llevamos durante años… Queremos que de una vez por todas se nos dé algo, lo que sea para poder hacer algo cultural, que los familiares puedan ir ahí a hacer charlas, que recorran. Para nosotros sería la alegría más grande de tener ese lugar. Que los chicos conozcan la historia de Campo de Mayo, especialmente la de El Campito, que fue uno de los CCD más grandes, donde hubo tantas desapariciones. Ahí desaparecieron entre 6 y 7 mil compañeros. Mujeres embarazadas, chicos, familias enteras”.

La Comisión sobrevivientes, familiares y compañerxs de Campo de Mayo e Iris personalmente han participado activamente de lo encuentros de sitios de memoria que la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) viene propiciando desde el año 2015 con el objetivo de afianzar el intercambio de experiencias de los espacios y sitios de memoria de la región.

Luchadora imparable, acompañada por su familia que se agrandó con el tiempo -en 1980 nació su hijo más chico y hoy tiene nietos y bisnietos-, nunca dejó de estar en movimiento para reclamar justicia y lamenta no poder seguir realizando actividades en el marco del aislamiento, social, preventivo y obligatorio. “Esta pandemia ahora nos tiene un poco paralizados, pero igualmente sacamos notas y lo que podamos hacer por internet, por WhatsApp, lo hacemos, -dice sonriendo-, estamos en contacto todos los compañeros”. Sin dudas, afirma, “la lucha continúa y cuando esto pase volveremos a la militancia en las calles, en los colegios, en las universidades”.

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