👊 Como Iglesia Pentecostal Dimensión de Fe en IADLA y desde todas nuestras construcciones territoriales recordamos el inicio en 1878 de la llamada Campaña del Desierto, una ofensiva militar planificada y comandada por Julio Argentino Roca que marcó de manera profunda y violenta la historia argentina.
👊 Bajo el argumento de “extender la frontera” y consolidar la soberanía nacional, el Estado llevó adelante una operación que tuvo como objetivo central someter, expulsar y aniquilar a los pueblos originarios que habitaban desde hacía siglos los territorios del sur y del oeste del país. Lejos de tratarse de un “desierto”, esas regiones estaban pobladas por comunidades con formas propias de organización social, cultural y económica.
👊 La campaña implicó asesinatos masivos, desplazamientos forzados, separación de familias y el secuestro de miles de personas, muchas de ellas obligadas a la servidumbre. El avance militar abrió paso a la apropiación de tierras por parte de grandes terratenientes y al modelo agroexportador, consolidando una estructura de desigualdad que persiste hasta hoy. El discurso civilizatorio que justificó la violencia construyó a los pueblos originarios como enemigos internos, negando su humanidad y su derecho a existir.
👊 Aquella mirada racista y colonial no se quedó en el pasado. Aún hoy resuena en proyectos políticos de tinte fascista que exaltan un patriotismo excluyente, basado en la homogeneidad cultural y la negación de la diversidad. Son miradas que conciben el territorio como un botín a dominar y no como un espacio compartido, habitado por múltiples identidades y memorias.
👊 Recordar el inicio de la Campaña del Desierto es, entonces, un ejercicio de memoria crítica: una invitación a cuestionar los relatos oficiales y a reafirmar la necesidad de un presente que respete las distintas formas de habitar y defender la tierra.



