Crédito: Cristian Prieto / Soy – Página/12
Hace un año, por estas mismas fechas, los bosques del sur eran incendiados como ocurre desde el 5 de enero de este año. También hace un año el presidente Milei pronunciaba su discurso en el Foro Económico de Davos. Allí planteó que “la ideología de género en sus versiones más extremas constituía lisa y llanamente abuso infantil, son pedófilos”. Este año evitó repetir esos calificativos, pero sí habló de “tentáculos de una dictadura” dispersos por América Latina y volvió con su cruzada por un occidente judeo cristiano.
Frente a esta cruzada con nombre y apellido, el movimiento cuir de nuestro país se puso al frente de la lucha y organizó la manifestación del 1F celebrada en todos los rincones del país. ¿Cómo fue este año de activismo antifascista y antirracista? ¿Qué desafíos enfrentaron las disidencias para sobrevivir en un mundo gobernado por gusanos fascistas?
Con esa premisa, SOY llevó adelante un sondeo de las preocupaciones y conflictos que atraviesan activistas de provincias como Mendoza, Rosario, Córdoba y ciudades como Mar del Plata y José C. Paz.
Las voces de los territorios
“Este año de activismo antifascista y antirracista en Mendoza ha sido también anti-extractivista. Mendoza está signada por la lucha por el agua, porque hubo un avance para la explotación minera en Uspallata. Y a la vez Cornejo, el gobernador, mostró su cara represiva a la protesta social. Hemos tenido compañeres presos por la lucha por el agua. En medio de este conflicto, de movilización permanente, estuvimos acompañando situaciones extremas de necesidades básicas: compañeras que no tienen para morfar, compañeras sin vivienda. Ha sido un año de acompañamiento cuerpo a cuerpo.” Marito de Mendoza, Clik (Corriente por la Liberación, la Igualdad y el Kambio)
Esa misma lógica de sostén comunitario aparece también en el conurbano bonaerense. Lo comunitario es y sigue siendo el motor en medio de este presente. Por eso es esencial la red marica. Así lo manifiesta Jorgelina: “A mí me cambió la vida la asamblea antifascista que se forjó de cara al 1F. Había perdido mucha confianza en mí. La verdad que tengo que felicitar a cada una de las personas que nos dieron una contención a las adultas mayores trans y hacernos participar de todo lo que se está haciendo. Y también muy contenta de haber participado de la primera marcha del orgullo de José C. Paz. A pesar de que he ido a muchas marchas, esta fue la que más me conmovió y ahí pude contar mi historia.” Jorgelina, mujer trans-adulta mayor de la asamblea antifascista antirracista LGBTIQ de José C. Paz.
También este momento genera preguntas alrededor de las organizaciones políticas y el uso de nuestras reivindicaciones. Sofía del Chaco (artista trans) cree que “el odio volvió recargado para destruir todo y a una velocidad sin precedentes. El activismo marica/trava y los feminismos no pensamos bien la estrategia política porque, para vivir una vida más vivible ya no alcanza con los derechos conquistados. Tenemos que redoblar los esfuerzos en pensar la contraofensiva al ataque del fascismo. Miro con desconfianza a los aburguesados sindicatos y partidos políticos que usan nuestras causas legítimas cuando les conviene y cuando no, nos descartan”.
Racismo, fascismo y supervivencia
La sensación generalizada es que el fascismo y el racismo no solo se expresan en discursos anti-marrones y antihomosexuales, sino también en una encerrona social donde las mayorías intentamos resolver urgencias habitacionales, alimentarias y de salud mental. En ese caos, cuesta pensarse como organizaciones y definir cómo enfrentarlos.
Es así como, en muchas asambleas, la palabra apañe se volvió un mantra. No como complicidad masculina, sino como red comunitaria y como tribu. Obviamente no exentas de contradicciones internas con relación a lo que significan las políticas de los cuidados. En las colectivas y asambleas hay personas dedicadas exclusivamente a organizar el apañe: alimentos, ropa, frazadas, acompañamientos a hospitales, medicación, situaciones habitacionales y de salud mental. Son tareas que crecieron ante el retiro de políticas públicas y el deterioro estatal.
“Hace un año que sostenemos la olla y los bolsones, que son ayuda autogestiva y colectiva. Militar el alimento es una militancia enorme. Todo lo que pasó en la pandemia y post pandemia, sumado al avance de la ultraderecha, nos dificulta organizarnos. Estamos sobre estimulados, aislados, anestesiados y con miedo. Es urgente despertarnos”. Oma y Flor, Asamblea Antirracista y Antifascista Mostri, Mar del Plata.
Lo novedoso de la lucha antifacista y antirracista también es que incluso las estructuras políticas tradiciones se ven obligadas a cuestionar sus propias ideas. Joko, marika no binaria referente de Mala Junta (Patria Grande) de Rosario explica que “el año pasado la asamblea tomó ese tono propio de la espontaneidad con activistas autoconvocades. Y muchas organizaciones partidarias, culturales y deportivas nos plegamos rápidamente. Este año son otres compas quienes reaccionaron para hacer la asamblea y también respondimos. Durante el año hubo discusiones sobre lo que entendemos por facismo. Y sobre el antirracismo en La Coordinadora orgullo, el año pasado se dieron algunos debates con compas del movimiento Kiki dando la disputa de sentido y creo que hubo una apertura más grande. Y después en el proceso electoral, se forjó un proceso de retroalimentación de un espacio como las asambleas antifa-Antirracista, la Gordi Orgullo y la herramienta del partido. Para nosotres no son cosas separadas”.
Córdoba: organización de base
La Asamblea de Disidencias sexuales de Córdoba surgió entre fines de 2023 y principios de 2024, cuando Milei asumió. Su objetivo fue coordinar con otros sectores que resisten las políticas del gobierno nacional. Se reúnen en la Plaza de la Intendencia. “La mayoría de las organizaciones LGBT en Córdoba dependen del gobierno provincial, y eso hace que su crítica quede en lo corporativo. El formato asamblea implicó esfuerzo y altibajos, pero la conciencia de que enfrentamos a un enemigo poderoso nos obliga a mantenernos organizados y creativos. La organización comunitaria, las redes de contención y asistencia, y la lucha contra el individualismo y los valores pro-capitalistas son formas de pelear por una salud mental individual y colectiva”, dice Juan Pablo Cuello, militante del PTS e integrante de la Asamblea de Disidencias Sexuales de Córdoba
Antirracismo: la lucha que pocos sostienen
“Sentí que este año aumentó mucho la conciencia antirracista. Pero las dificultades son las de siempre: es muy fácil olvidarse de esta militancia. Parece que el antirracismo solo existe cuando estás gritando. Somos dos o tres quienes levantamos la voz para que después digan que el racismo no existe, que hay cosas más importantes o que directamente nos ignoren. El racismo es la base colonial que estructura todas las violencias. No hay que jerarquizar luchas: es todo o nada”, dice Kamba pora de cultura Ballroom, Mar del Plata
A un año del 1F, el movimiento antirracista y antifascista LGBTIQ sostiene una lucha que es territorial, comunitaria y profundamente política. Entre ollas populares, debates estratégicos, redes de apañe y resistencias frente al extractivismo y la represión, las disidencias seguimos reinventando formas de vida en un país donde el fascismo intenta avanzar. Lo que emerge de todos los territorios es claro: la organización comunitaria no es solo una herramienta de lucha, sino una forma de supervivencia. Parafraseando a nuestra madrina de lucha, la Lohana Berkins: “en un mundo de gusanos fascistas, aferrate a tu tribu para ser mariposa”.



