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Como Iglesia Pentecostal Dimensión de Fe en IADLA Cada 6 de febrero, el mundo conmemora el Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina, una fecha para alzar la voz frente a una de las formas más crueles de violencia ejercidas contra mujeres y niñas. Denunciamos este crimen que atenta contra la corporalidad, la dignidad y las libertades de millones de personas en distintos rincones del planeta, sostenido por tradiciones patriarcales que buscan controlar el cuerpo y la vida de las mujeres.

La mutilación genital femenina no es una práctica cultural inocente, es una violación grave de los derechos humanos que provoca daños físicos irreversibles, sufrimiento psicológico y, en muchos casos, la muerte. Se impone sobre niñas y adolescentes sin su consentimiento, marcando sus cuerpos como territorios de disciplina y silencio. Bajo la excusa de la costumbre, se perpetúan relaciones de poder que niegan a las mujeres el derecho a decidir sobre sí mismas y a vivir una sexualidad libre, saludable y sin miedo.

En este día reafirmamos nuestro compromiso con la erradicación de toda forma de violencia de género. La lucha contra la mutilación genital femenina exige políticas públicas, educación sexual integral, acompañamiento comunitario y la escucha activa de las voces de quienes han sobrevivido a esta práctica. A la vez que nos sumamos a las voces de condena, reconocemos que es necesario transformar las condiciones sociales y culturales que la reproducen, promoviendo la igualdad y el respeto por la autonomía de todxs, especialmente de niñas, jóvenes y mujeres.

Decimos con fuerza que ningún dogma, tradición o sistema de creencias puede justificar la tortura ni el sometimiento. Hoy y todos los días recordamos que cada cuerpo es un territorio de derechos y que la justicia social también se construye garantizando una vida sin violencias para todas.

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