🤍 El pasado 20 de febrero recordamos el natalicio de Lucila Olivera, nuestra querida “Hna. Luci” como la llamaban en los barrios, y al hacerlo volvemos a encontrarnos con su vida hecha servicio, comunidad y fe.
🤍 Hacer memoria colectiva de ella, es hablar de esas mujeres que sostienen la vida cuando todo parece derrumbarse, mujeres creyentes que no sólo oran, sino que creen profundamente en la vida digna para todxs. Creen en la olla que nunca está vacía, en la mesa compartida, en la palabra que consuela y en la organización que transforma. Creen que la fe no es sólo un templo, sino un barrio que se levanta cuando alguien tiende la mano.
🤍 Nuestra Hna Luci fue una constructora de redes antes de que la palabra “red” se volviera común, supo que nadie se salva solx y que la comunidad no nace de los discursos sino del encuentro cotidiano, una vecina que necesita ayuda, unx pibx que necesita alimento, una familia que necesita ser escuchada. Así fue tejiendo vínculos, armando comunidad, haciendo del amor una práctica concreta, porque la fe, cuando es verdadera, se vuelve mesa compartida y abrazo colectivo.
🤍 Su espiritualidad estaba hecha de gestos simples y profundos con una fe con olor a comida recién hecha, con manos gastadas de trabajar, con lágrimas compartidas y también con risas. Las redes que construyó no fueron sólo organizativas, fueron también redes de afecto, de solidaridad y de lucha.
🤍 Redes que siguen vivas cada vez que alguien abre una puerta para recibir a otrx, cada vez que se comparte lo poco que hay, cada vez que la comunidad se organiza para que la vida sea plena y con derechos para todxs.
🤍 Recordarla hoy, es también continuar con su legado, sabiendo hay mujeres que dejan huella no en los libros, sino en los corazones y en los barrios, y ahí nuestra Hna Luci sigue naciendo una y otra vez en cada gesto de amor comunitario y en cada lucha por la justicia social, porque cuando partimos y compartimos el pan, otro mundo es posible.



