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Por Amado Flora y Gabriela Guerreros

El relato de las personas sobrevivientes de las llamadas prácticas ECOSIG (Esfuerzos para Corregir la Orientación Sexual e Identidad de Género) suele coincidir en un límite dramático: «Si esto no funciona, me voy de este plano». No es una metáfora; es el borde al que son empujadas miles de personas LGBTIQ+ por un entramado que disfraza de «ministerio» o «acompañamiento espiritual» lo que los organismos de Derechos Humanos de la ONU denominan textualmente tortura.

A nivel continental, los datos son concluyentes. Según estudios de The Trevor Project (2024), el 50% de las juventudes LGBTIQ+ sometidas a estos intentos de corrección intentó suicidarse, en contraste con el 27% de quienes no las experimentaron. Asimismo, el Informe Madrigal-Borloz de la ONU 2020) advierte que el 98% de las personas sobrevivientes reportó haber sufrido daños irreparables en su salud física y mental.

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La paradoja legal en Argentina

Argentina cuenta con un marco normativo que es referencia internacional: la Ley de Matrimonio gualitario (N° 26.618), la Ley de Identidad de Género (N° 26.743) y la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657), cuyo artículo 3 prohíbe taxativamente establecer diagnósticos basados exclusivamente en la orientación sexual. Sin embargo, el Congreso Nacional aún no ha sancionado una ley que prohíba y criminalice los ECOSIG.

Esta ausencia legislativa no es un olvido accidental, sino el resultado de una disputa política activa. ectores del neopentecostalismo conservador, articulados con redes transnacionales de lobby rocedentes de Estados Unidos, Brasil y Colombia, operan para clandestinizar el disciplinamiento. Al no existir estadísticas oficiales ni dispositivos de control específicos, estas prácticas se mudan a la virtualidad mediante consejerías digitales, módulos pagos y grupos de mensajería, lucrando con la culpa y la autodestrucción.

El entramado de la violencia y el trauma teológico

Los ECOSIG operan en espacios jerarquizados donde se usurpan funciones profesionales de la salud mental para justificar el lesbohomobiodio. Bajo la premisa de estar «perseguido por un espíritu», se anula la autonomía de los cuerpos y los deseos. El mayor daño, sin embargo, rara vez figura en los registros clínicos: es el desgarro de la dimensión más profunda del ser, conocido en la teología cuir latinoamericana como trauma teológico. Para quien estructuraba su existencia en torno a la fe, la humillación en el altar produce un exilio espiritual permanente.

Los ECOSIG no son excesos de comunidades mal informadas; son la implementación coherente de una teología incorrecta que condiciona la gracia divina. Frente a esto, la teología cuir recurre a las escrituras: «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:16). Si el fruto es el suicidio y la disociación, la práctica no proviene de la divinidad.

Hacia una reparación urgente

Frente a este escenario, la militancia teológica cuir y las comunidades de fe afirmativas proponen una resistencia activa. No se trata únicamente de «incluir» a las disidencias como actor exterior, sino de democratizar los espacios de decisión y reconocer las deudas históricas de exclusión.

Resulta éticamente insostenible sostener una fachada de vanguardia en derechos humanos mientras los ECOSIG sigan siendo legales en el territorio nacional. Se necesita con urgencia una norma de alcance federal que prohíba estas prácticas, proteja de forma específica a las infancias y dolescencias, y penalice el fraude de quienes usan la fe como laboratorio de represión. La neutralidad frente al daño es complicidad; habitar una fe que celebra la diversidad es un acto de justicia y reparación.

Autorxs:

Amado Flora, activista lésbico-trans no binario, Tec. en RRII y estudiante de Trabajo Social. Investigador en ECOSIG y violencia espiritual. Tuvo roles clave en el MEDH, CDD y la Casa de Diana y Lohana (Teje Tuni y Viaje Marika). Es trabajador de la salud pública en la Coor. de la Grupalidad TTNB y el Comité de Violencia del Hospital Lucio Meléndez, enfocado en la gestión y visibilidad de las identidades travestis, trans y trans no-binarias. @sujeto.cuir.indecente

La Rvda. Obispa Gabriela Guerreros es una figura central en el movimiento pentecostal inclusivo y feminista de Argentina. Su liderazgo en la Comunidad Pentecostal Dimensión de Fe ha sido fundamental para promover una espiritualidad comprometida con la justicia social y los Derechos Humanos. Se identifica como lesbiana, feminista y pentecostal. Ha sido una voz prominente en el debate público argentino. especialmente en temas como el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, y la educación sexual (ESI). @gabrielaguerreros