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Crédito: elciudadano.com y elmostrador

Se escucha una voz ronca, difícil de entender, bajita, pero inconfundible. Es Pedro Lemebel, el artista, escritor, performer y figura pop que falleció en el 2015 producto de un cáncer de laringe. Y es de esa enfermedad de la que hablan, una especie de línea temporal donde amigos, amantes y colegas deciden contar en un relato coral, cómo fueron los últimos momentos en la vida de una de las Yeguas del Apocalipsis, o más particularmente, cómo fueron esos últimos meses escuchando su voz, la que de a poco, se fue apagando. 

Todo inicia en los tiempos finales del cronista, en ese momento en que él mismo decide llamar a su amiga y sonidista, Constanza Farías, y le pide que registre su voz leyendo sus escritos, todos, incluyendo de manera urgente el famoso manifiesto, ya que poco a poco comenzará a susurrarle a los demás. Fue ella misma, Cony, quien después de largos años, entregó los audios para hacerlos públicos y para que nosotros, hoy podamos estar hablando de su vida, e incluso, podamos estar escuchándolo, de manera inédita, cuando una ya creía que lo había visto y oído todo sobre Lemebel.

Seis capítulos, con un nuevo episodio cada miércoles. A través del formato de audio, con un diseño sonoro y música original de Luciano Correa, el proyecto busca preservar el registro del autor, pero quizás, no se han dado cuenta de lo mucho que entregan estos relatos. Hay historias que te hacen achinar los ojos, como cuando, mientras habla de su origen en el San Juan de la Guada, dice “los guarenes eran mis peluches”, y las risas de los asistentes se escuchan atrás con un goce que traspasa el parlante. Relatos de la noche, de sus paseos en un auto de la editorial Planeta tomando whiskey, de su idiotez, de esa vez que incomodó como pudo al presentador del Festival de Cine de Viña, o cuando le escupió el zapato a Cruz Coke. Todo eso bajo un alero de profundo amor, tanto de los y las entrevistadas, como de quienes están detrás de toda la producción, eso se nota, y para mí, que ya voy en el capítulo dos, ha sido un gran descubrimiento, del él como artista, de sus voces, todas distintas, de su historia y también, de los trabajos sonoros que se están realizando hoy en día, los cuales, como éste, no puedo dejar de recomendar.  

Prenderse Fuego, la nueva serie biográfica dedicada a Pedro Lemebel, es lo último de Podium Podcast y el Centro Cultural Gabriela Mistral, dirigida y narrada por Trinidad Piriz e investigada y escrita por el periodista Pedro Bahamondes. 

Vía Jorge González

Piriz es parte de una plataforma de audio digital que lleva cuatro años y medio produciendo series sonoras y una de sus líneas es una de narrativas de investigación.

Dentro de esa línea, hace un año, Bahamondes llegó con unos materiales inéditos de Farías. Ellos llegaron porque habían escuchado la serie sonora anterior de Piriz, “Necesito poder respirar”, sobre la vida del cantautor Jorge González. Y Piriz recuerda que cuando producían los materiales del cantante ella le decía al equipo todo el tiempo que la voz de Jorge González le recordaba mucho la voz de Pedro Lemebel, al ser “un mismo tipo de voz y entendiendo la voz como una identidad, como una voz que resuena en un contexto”.

Un material “total”

El material sonoro de Lemebel le resultó “sorprendente”.

“Hay dos cosas que para mí, como directora de Podium y de cada una de las series que hacemos, es primordial. En el fondo, si vamos a hablar de una persona y ya hay mucho material hecho a través de distintas disciplinas, tiene siempre el riesgo de convertirse en algo demasiado simbólico, convertirse en una chapita. Yo lo tomo con cierta distancia y digo, necesitamos tener un material realmente que ilumine una nueva perspectiva del personaje, o yo no puedo hacerlo”, explica.

En el caso de Lemebel “en todas las disciplinas hay mucho, pero efectivamente el material de Conti es muy atingente al medio sonoro, y es una voz, una de las voces de Pedro, que es hacia el final de su vida, y que no habíamos escuchado”.

Una decisión de Lemebel

Para desarrollar el proyecto realizaron más de 50 entrevistas. Ahí están Pía Barros, Sergio Parra, Francisco Casas, Jovana Skármeta, Pamela Jiles, Jaime Lepé, Pedro Marínello, Joanna Repossi, Tevo Díaz, Faride Zerán, el Che de los Gays, Álvaro Hoppe, para iluminar los distintos momentos en la vida del artista.

“No hay nadie tratando de limpiarle la imagen”, aclara Piriz. Simplemente lo retratan como es, con sus virtudes y defectos.

Así, va abarcando distintas etapas de la vida de Lemebel y de toda una escena. Y la serie cuenta “como él va convirtiéndose, desde Pedro Mardones, antes, a Pedro Lemebel”. Y que parte escribiendo “desde la calle, desde la noche, desde el hueveo, desde el taconeo”, para luego dejar de hacerlo y concentrarse en registrar su propia voz, cuando toma conciencia de que la está perdiendo.

“No es un Pedro que no se habría mostrado, sino que son registros de audio que no se han mostrado, que son cuando él toma la decisión de llamar a la Constanza Farías y decir, ‘necesito registrar crónicas, necesito registrar mi voz, porque es una voz que va más que a desaparecer, es una voz que va a cambiar y que se va a transformar y mucho’”.

“Y él decide ese registro. Entonces, él decide que el sonido sea su materialidad y él decide que su voz, aunque es lo que está en riesgo, decide que su voz sea lo que él usa hasta el final”.

A Piriz le resulta “muy interesante que esa decisión, que él toma, nosotros hoy día la podamos hacer sonar. Y además a través del sonido puedes ir mapeando y puedes ir registrando voz por voz, porque si él decide registrar todo este proceso, tienes lo que pasa en el primer capítulo: una voz que empieza con una afonía o con una carraspera y después tienes una voz que está totalmente intervenida. Todo ese proceso él decide registrarlo, por ende, él decide que quede y ese tipo de decisiones son las que nosotros luego, los que somos un equipo de artistas, tomamos y decidimos componer artísticamente”.

Consistencia hasta el final

A lo largo del trabajo fueron descubriendo no sólo los audios de registro que tenía Farías, sino también los audios que dejó Lemebel como entrevistador en Radio Tierra, “más todo lo que dicen las personas que estuvieron con él, que estuvieron en la escena de Pedro, testigos activos”.

La voz del propio Lemebel es central por que es una voz que se enferma y va sufriendo una serie de operaciones.

“Realmente la pasa pésimo, pero él igual se levanta, ensaya, graba, prueba esa voz”. Un nivel de fuerza descomunal, “porque uno dice, ¿esta persona debería estar en su casa haciendo recuperación o no? Es un tipo al que le van a quitar la voz, pero no la suelta hasta el final. Eso es hermoso y además se escucha su humanidad y su vulnerabilidad”.

Eso, a su juicio, habla de “una consistencia hasta el final, ¿cachá? Su voz política, la idea de su disidencia y también con el Partido Comunista. Un artista realmente capaz de pelearlo todo, botarlo todo, tirar todo por la borda, dejar la patada donde sea, por aferrarse a sus convicciones”.

“Hay hartas personas que nos preguntan, ¿por qué partimos desde la voz enferma? O, ¿por qué partimos de los excesos? ¿Por qué partimos dibujando ese Pedro? ¿Por qué partimos desde ahí la serie? También ahí hay una decisión editorial, de humanizar al personaje”, explica.

“Nos parecía interesante partir humanizando el personaje, bajándolo, y aceptando que el genio que nos gusta tiene esto y también es así”.

La fuerza de Pedro

Aunque no sea de forma cronológica, la serie recorre la vida de Lemebel: desde su infancia en una población, víctima del bullying, pasando por su constante presencia en el edificio de la UNCTAD (actual GAM) durante la Unidad Popular, pasando por su etapa universitaria y luego como profesor de diversos colegios.

“Y luego cuando él decide entrar a la escritura, conoce a la Pía Barros y empieza a escribir, cuando él en la escena literaria empieza a conocer a la Carmen Berenguer, cuando se encuentra con Pancho Casas y forma las Yeguas del Apocalipsis”.

Todos escenarios donde siempre fue un provocador, “porque entendió que con ese código él podía abrirse puertas, ser alguien”.

“Era una persona extremadamente inteligente, que no daba ningún paso en falso, que entendió que siendo así iba a ser escuchado, que iba a tener un lugar en el mundo. Él mismo lo dice en el capítulo dos, ‘yo vengo de la pobla, soy mapuche y soy gay, tengo todo para morir, para ser como el último eslabón de toda la cadena, pero si yo uso esto a mi favor, yo puedo convertir mi voz en algo distinto’”.

Una persona valiente durante la dictadura y también tras el retorno de la democracia en 1990, donde seguía siendo un marginal que, en palabras de un amigo, “rebotaba en el cemento y se volvía a parar”, que “aguantó todo tipo de humillaciones, golpes metafóricos y literales, y se paraba de nuevo y se ponía tacos”.

“En la serie está muy bien mapeado: cómo empieza a cambiar su vestimenta, empieza un día a usar tacos y nunca más deja de usarlos, y todas esas pequeñas decisiones que empiezan a construir la solidez del personaje cuando deja el Mardones y adopta el Lemebel, cuando deja ciertos círculos y adopta otros, y todas las peleas que tiene que dar cada vez que hace ese tipo de cambios. Y todo lo va volviendo más fuerte, sobre todo el rechazo, la violencia en contra de él, lo que va convirtiéndolo en una persona con ese nivel de roble, como que lo alimentaba un poco”.

Personaje de un mundo que se fue

¿Qué le queda a Piriz luego de haberse dedicado a este personaje?

“Me pasa lo mismo que con Jorge (González) y también me pasó un poco con Ana Cook, pero en un sentido mucho más dramático: que ese personaje igual te habla del mundo que lo rodea”.

Son “personajes que te ayudan a entender un mundo, una escena, un contexto histórico”.

Porque Piriz cree que “hoy día es muy difícil que aparezca un Pedro Lemebel o que aparezca un Jorge González por una serie de motivos: porque no tenemos estas libertades creativas, porque vivimos en este mundo de la inmediatez donde a Pedro Lemebel lo hubiera lo hubiera funado la primera persona con la que él fue violento con un par de tragos y se acabó, está funado, cancelado”.