El pasado sábado 17 de octubre se proyectó en el CEFMA de la ciudad de Buenos Aires, “El Evangelio de la Revolución”, documental del director francés François-Xavier Drouet. La convocatoria estuvo a cargo de la Comunidad Teológica Rajab, que durante este año lleva adelante su VII Seminario Nacional de Prácticas Populares bajo el lema «Política, resistencia y comunidad».


La actividad contó con el acompañamiento de CLACSO, Madres de Plaza de Mayo Línea
Fundadora, el Colectivo Teología de la Liberación Pichi Meisegeier, la Fraternidad Laica Carlos de Foucauld, la Asociación Casa de Todxs, el CEFMA, IADLA, el Espacio Interreligioso Patrick Rice y LaComuna Fondo Editorial.
El documental recupera una verdad que a menudo se silencia: las revoluciones latinoamericanas del siglo XX no se hicieron sin los pueblos creyentes. Millones de cristianxs, organizadxs en comunidades de base, parroquias y movimientos populares, entendieron que la fe no se vive en soledad ni de espaldas a la injusticia.



Desde la teología de la liberación, se plantaron frente a dictaduras y oligarquías aliadas del poder económico. Lejos de una religión que adormece, la fe fue herramienta de organización colectiva: la convicción de que el Reino de Dios se construye en la tierra, con justicia, dignidad y lucha compartida. El recorrido se organiza en capítulos: El Salvador, Brasil, Nicaragua, México y un regreso a Brasil. Combina archivos y testimonios de religiosxs, catequistas, laicas y militantes.
La tarde del sábado fue, ante todo, un encuentro entre organizaciones, comunidades de fe, espacios de derechos humanos y militancias populares. Nos reunimos a mirar juntxs una historia que también es nuestra, la de pueblos que se organizaron, resistieron y sostuvieron la esperanza en comunidad. Mientras el mate circulaba de mano en mano, las empanadas y los bizcochuelos llegaban desde los territorios que resisten las políticas de hambre de Milei, y se compartían como se comparte el pan en las comunidades.
Esa mesa común fue también una palabra profética, que denuncia a quienes hacen del hambre un método y anuncia que, donde el pueblo se junta y comparte, el Reino se hace presente, en el compartir la pantalla, la palabra y el tiempo fue una forma de seguir tejiendo lazos y de preguntarnos cómo seguimos caminando hoy.





