En ocasión del Día del Maestrx, que en Argentina se celebra los 11 de septiembre en homenaje a Domingo Sarmiento, cuyo fallecimiento fue ese día de 1888, desde la Comunidad Pentecostal Dimensión de Fe en IADLA y todas nuestras construcciones territoriales, queremos recordar y reivindicar a Carlos Fuentealba, cuyo legado cobra renovada vigencia en tiempos de feroz recorte educativo y violencia institucional por parte del Gobierno nacional.
El 4 de abril de 2007, la provincia de Neuquén fue escenario de uno de los episodios más dolorosos vinculados a la protesta social en la historia democrática argentina. Ese día, Carlos Fuentealba, maestro de química de 40 años y militante sindical, participaba de una manifestación organizada por la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén (ATEN) para reclamar mejoras salariales y mayores recursos para las escuelas públicas.
La protesta formaba parte de un conflicto que llevaba semanas. Los docentes exigían aumentos acordes al costo de vida, mejores condiciones laborales y una mayor inversión en infraestructura educativa. Ante la falta de acuerdo con el gobierno provincial, decidieron realizar un corte parcial sobre la Ruta Nacional 22, una modalidad habitual en los reclamos sindicales de la época.
La respuesta de las fuerzas de seguridad fue contundente. Por orden del gobierno encabezado por Jorge Sobisch, la Policía de Neuquén desplegó un operativo para desalojar la manifestación utilizando gases lacrimógenos, balas de goma y escopetas lanzagranadas. Durante la represión, los docentes comenzaron a retirarse del lugar en vehículos particulares.
Mientras viajaba en un automóvil junto a otros manifestantes, Carlos Fuentealba recibió el impacto de una granada de gas lacrimógeno disparada directamente contra el vehículo. El proyectil atravesó la luneta trasera y golpeó su cabeza, provocándole un traumatismo craneoencefálico de extrema gravedad.

Tras ser trasladado de urgencia al Hospital Provincial Castro Rendón, de la ciudad de Neuquén, permaneció internado durante varias horas. Sin embargo, el 5 de abril de 2007 falleció como consecuencia de las heridas sufridas. Tenía 40 años.
La noticia provocó una inmediata conmoción en todo el país. Miles de docentes, estudiantes, organizaciones sindicales y organismos de derechos humanos realizaron marchas para exigir justicia. En numerosas provincias se suspendieron las clases y se convocaron paros nacionales en repudio a la violencia ejercida durante la protesta.
La investigación judicial determinó que el cabo José Darío Poblete había sido quien disparó la granada que causó la muerte del docente. En 2008 fue condenado a prisión perpetua por homicidio calificado, una sentencia considerada histórica por tratarse de uno de los pocos casos en los que un integrante de una fuerza de seguridad recibió la pena máxima por un crimen cometido durante una represión a una protesta social.

José Darío Poblete, acusado de asesinar a Fuentealba.
Sin embargo, la familia de Carlos Fuentealba, encabezada por su esposa Sandra Rodríguez, sostuvo durante años que la responsabilidad no terminaba en el autor material del disparo. Junto con organizaciones sociales, impulsó una segunda causa, conocida como Fuentealba II, destinada a investigar las responsabilidades políticas y de la cadena de mando que ordenó el operativo represivo.
Ese expediente avanzó lentamente durante años y mantuvo abierto el debate sobre el accionar de las fuerzas de seguridad y la responsabilidad de los funcionarios públicos en los hechos ocurridos aquel abril de 2007.
La figura de Carlos Fuentealba trascendió el ámbito educativo. Su nombre comenzó a estar presente en escuelas, bibliotecas, centros culturales, murales y plazas de distintas provincias. También inspiró documentales, canciones, obras teatrales y publicaciones dedicadas a preservar la memoria de un maestro que perdió la vida mientras ejercía el derecho constitucional a la protesta.

Cada 4 de abril, sindicatos docentes de todo el país realizan actos y jornadas de reflexión para recordar su historia. Más allá del homenaje, esas actividades buscan mantener vigente el debate sobre las condiciones laborales de los educadores, el financiamiento de la educación pública y los límites del uso de la fuerza por parte del Estado frente a las manifestaciones sociales.
A casi dos décadas de su muerte, el caso de Carlos Fuentealba continúa siendo una referencia ineludible cuando se analiza la relación entre la protesta social, la actuación de las fuerzas de seguridad y la defensa de los derechos humanos en Argentina.
La historia de Carlos Fuentealba es la de un maestro comprometido con la educación pública que salió a reclamar por mejores condiciones para enseñar y nunca regresó a su hogar. Su muerte dejó una marca profunda en la memoria colectiva del país y convirtió su nombre en un símbolo permanente de la lucha por la justicia, la educación y el respeto a los derechos fundamentales.


