Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas
Como Iglesia Pentecostal Dimensión de Fe en IADLA y desde todas nuestras construcciones territoriales, conmemoramos este 30 de agosto el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.
Son millones de historias alrededor del mundo las que constituyen un enorme reclamo por parte de las familias que llevan consigo el dolor y la incertidumbre de este horror. Como todos los días, no llamamos como pueblos y Estados a mantener vivo el compromiso con la verdad, la justicia y la reparación frente a uno de los crímenes de lesa humanidad más atroces.
Hoy recordamos que la memoria activa es nuestra mejor herramienta para el tejido de un presente y un futuro con libertad y garantía de derechos en la más amplia diversidad de pensamiento, elección y acción. Allí radica la importancia de las políticas de memoria, de los sitios que guardan huellas de nuestra historia, de los archivos que resisten el negacionismo y de la voz incansable de familiares y organismos de derechos humanos que siguen en la lucha. La reparación y la garantía de no repetición son condiciones indispensables para que los pueblos nos fortalezcamos en democracia y dignidad.
En pleno siglo XXI, la violencia y la intolerancia no pueden tener cabida entre nosotrxs y menos, ser prácticas reivindicadas. Sin embargo, asistimos a un preocupante reflote de discursos negacionistas y de odio que pretenden reinstalar la impunidad. Recordar y honrar a las víctimas de desapariciones forzadas es, hoy más que nunca, un acto de defensa de los derechos humanos universales y un compromiso irrenunciable con un mundo más justo.
¡Frente a las ultraderechas que justifican violencias pasadas y presentes, decimos basta!
¡Memoria, Verdad y Justicia, siempre!
¡Venceremos!