Las vivencias de doce travestis y mujeres trans durante la última dictadura militar argentina se encuentran ahora inmortalizadas en un nuevo libro del Archivo de la Memoria Trans (AMT). Carne de cañón detalla las diversas trayectorias de vida marcadas por la persecución militar y policial, los crímenes, el exilio y las estrategias para sobrevivir durante un Terrorismo de Estado que también se ensañó con estas identidades. El libro llega a 50 años del golpe y busca saldar una gran falta dentro de la literatura y el imaginario social en relación a la década de los setentas en Argentina.
En 2023, cinco travestis y trans sobrevivientes de la dictadura declararon en un juicio de lesa humanidad. Todas ellas habían estado detenidas en el Pozo de Banfield, uno de los 230 centros clandestinos que funcionaron en la provincia de Buenos Aires. Un año después, por primera vez en la historia un veredicto reconoció judicialmente a ocho mujeres trans y travestis como víctimas del Terrorismo de Estado. Los delitos cometidos contra este colectivo fueron privaciones ilegales de la libertad agravadas, tormentos agravados, abusos sexuales agravados y reducción a la servidumbre.
Estas voces se encuentran ahora plasmadas en el libro. Pero además, desde el Archivo salieron a buscar testimonios que no pudieron entrar en el juicio Brigadas. El resultado fue un libro de 175 páginas, con testimonios en primera persona que muestran la diversidad de experiencias atravesadas por la dictadura. “Cada relato individual está repleto de otras voces: de las que estuvieron, de las que ya no están, y de aquellas a las que seguimos buscando”, aclara el epílogo escrito por el AMT.
Un largo período de persecución
Bajo un mismo paraguas de persecución, violencia y abusos, las feminidades travestis y trans vivieron diferentes caras de las atrocidades perpetradas por la dictadura cívico militar. Algunas tuvieron que esconderse en sus casas, muchas perdieron amigas. Otras no pudieron zafar de la «Colimba» ni de la detención en centros clandestinos. En estos lugares se vieron obligadas a hacer trabajo forzado, a comer migajas –solo cuando era posible–, a limpiar la sangre de otros, a escuchar los gritos. Y vivieron la tortura en carne propia: desde picana, golpes y hasta violaciones reiteradas. Todo un aparato estatal y militar puesto a disposición de eliminar cualquier vida e idea que no entrara dentro del proyecto político neoliberal, occidental, cristiano, binario y misógino que buscó perpetuar el gobierno de facto entre 1976 y 1983.
La persecución policial contra el colectivo travesti trans continuó después de la dictadura. De hecho, la mayoría considera que la democracia llegó con la Ley de Identidad de Género, en 2012. Sin embargo aún es vital reconocer las violencias específicas que se cometieron contra ellas durante el Terrorismo de Estado. En el epílogo escrito por el AMT insisten: “Recordar es un acto político. Reconstruir, una forma de justicia. Nombrar es devolver la existencia”.
En este punto, el libro busca comenzar a saldar esa deuda. Durante muchos años la situación de las personas travestis y trans en la dictadura estuvo invisibilizada. En el ámbito judicial fueron 40 años de silencio respecto al tema. Algo similar ocurrió en relación a la literatura enfocada en la década de los setentas en Argentina. Pasaron décadas antes de que los movimientos de derechos humanos y el periodismo abrazaran la memoria de la diversidad sexual y en particular la de las travestis y trans.
Se trata de un proceso que hoy se encuentra cada vez más fortalecido. Desde el Archivo consideran a este libro como heredero de una genealogía de lucha impulsada por las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Incluso, Carne de cañón hace referencias y reconoce como su principal antecedente e inspiración al Nunca más. “Lo primero que vi es que no hay información sobre esta comunidad en ese libro y ese es el primer diálogo que le encuentro, el primer choque entre los dos. Pero a la vez, desde la edición, a mí el Nunca más fue el libro que me guió”, reconoce la editora Sofía Naara.

Un libro fundamental
En julio de 2024, el Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata dio a conocer los fundamentos de la sentencia histórica que reconoció a las sobrevivientes trans y travestis como víctimas de delitos de lesa humanidad. En ellos retomaron en gran parte los fundamentos expuestos en el alegato de la Fiscalía, encabezada por Ana “Pipi” Oberlin. Así, para los jueces, la identidad de género de estas víctimas quedó incluida “en el esquema binario que eliminaba todo lo que se presentase como disidente para la concepción del opresor”. En este sentido, Oberlin fundamentó que las mujeres trans formaron parte de las personas consideradas enemigas por el Terrorismo de Estado ya que no se ajustaban al modelo sexo-genérico “occidental y cristiano” que la dictadura buscó garantizar. Por esto fueron consideradas subversivas en razón de su identidad de género y formaron parte del plan de aniquilamiento.
Oberlin escribió el prólogo y la contratapa de Carne de cañón. Allí consideró que la lectura del libro es esencial porque “exhibe, fundamentalmente, la brutalidad de las prácticas violentas estatal y no estatales sobre las personas trans y travestis”. Pero también porque “devela creativas y numerosas tramas de resistencias: las complicidades, las risas, las estrategias conjuntas, la ranchada que aúpa y, sobre todo, la alegría a pesar del espanto”.
Después de lo que vivieron durante esos años, muchas no quisieron volver a hablar de lo que pasó. No querían abrir una herida tan profunda: deseaban olvidar. Algunas lograron irse del país. Otras prefirieron volver a mostrarse con una expresión masculina para pasar desapercibidas. Pero con el tiempo, esas vivencias volvían a hacerse carne. De la mano del activismo y de conversar con otras compañeras travestis y trans, muchas fueron entendiendo lo que les había pasado. Llegaron a la conclusión de que ellas también habían estado en centros clandestinos y habían sufrido los abusos del poder dictatorial. Y reconocieron, en ese proceso, la importancia de hablar.

“Nos devolvieron la voz”
Entre 2019 y 2026, “cuando fue posible nombrar lo que durante décadas se mantuvo en silencio, con miedo y vergüenza”, tuvieron lugar las entrevistas que dieron lugar a este libro. “Lo que tiene de especial es que nosotras podemos contar en primera persona cómo vivimos en la dictadura. La sociedad en realidad nunca supo ni sabe cómo vive una trans. La sociedad siempre ve a las personas trans como divinas, espléndidas, pero no es así. Nosotras hemos sufrido mucha persecución, mucho odio. Y eso tiene que ver con que ahora podemos contar y con que desde el archivo nos hayan dado la posibilidad de que todas podamos contar cómo hemos vivido”, compartió Ornella Teté Vega, durante la presentación del libro en el Espacio Memoria y Derechos Humanos ex ESMA.
Carolina Figueredo, también integrante del AMT, habló en ese mismo sentido: “Nos devolvieron la voz. Porque siempre nos mantuvieron calladas. Esa fue la oportunidad para que nosotras pudiéramos hablar sobre algo que tantos años nos oprimió. Nos mantuvieron ciegas con esos maltratos”.
Todo lo expuesto en el libro habla de una necesidad: reconocer las violencias y los crímenes cometidos contra el colectivo travesti trans en dictadura. Un panorama que se extendió para ellas bien entrada la democracia. “Ya se nos fueron muchas. Muchas quedaron en el olvido, muchas desaparecidas, muchas muertas, amigas mías que ya no están. Que nos reconozcan el abandono y el maltrato que nos hicieron. Nos usaron y robaron siempre: la vida, la dignidad, un montón de cosas”, dice Carolina. Ese reconocimiento tiene que venir acompañado de una necesaria reparación para las compañeras. Y también de un pedido que ellas mismas extienden a les lectores: “No nos olviden. Memoria, verdad y justicia para nosotrxs”.
El libro se puede adquirir en la web de venta del Archivo de la Memoria Trans: archivotrans.mitiendanube.com



