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Por Stanley Luna / suplemento Soy, Página/12

La feroz represión contra la 5ta. Marcha Federal Universitaria en la que miles de personas se concentraron en la Plaza de los Dos Congresos para exigir el cumpliento de la Ley de Financiamiento Universitario dejó una estampa inolvidable en la era mileísta: dos femboys de pollera, en primera línea, sosteniendo ávidamente una bandera argentina, resistiendo a los camiones hidrantes de las fuerzas de seguridad y al gas lacrimógeno.

Se trata de Cristian Valderrama y Lucas García, un matrimonio que en los últimos años ha acompañado las marchas en contra del recorte de los derechos humanos que lleva a cabo el Javier Milei. La marcha del 15 de octubre fue solo una de las tantas en las que han participado.

Cristian y Lucas van todos los miércoles a la marcha de los jubilados y también han estado al frente en otras marchas históricas: la marcha contra la Ley Bases, el 12 de junio de 2024; y la marcha contra la aprobación del capítulo de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que permitiría la venta indiscriminada de tierra argentina a extranjeros, el pasado 6 de agosto. En todas han habido decenas de detenidos y heridos, como el caso del fotoperiodista Pablo Grillo, que cubriendo una marcha de jubilados, en 2025, fue lesionado en el cráneo por un cartucho de gas lacrimógeno.

Son tantas las veces que Cristian y Lucas han tenido que enfrentar a la policía durante el gobierno libertario que pierden la cuenta. Cristian incluso fue detenido en octubre del año pasado cuando se opuso a que la policía detuviera a Lucas en una marcha de jubilados.

“No era la primera vez que nos enfrentamos con el camión hidrante y la gente que sí está pendiente de la lucha ya lo sabe, ya nos conoce y por eso hace tanto para viralizarnos en las redes. Es una locura y lo agradecemos un montón, porque sabemos que son redes que están ocupadas por el sionismo, por el imperialismo yankee, hay muchísima censura y granjas de bots. Así que eso es espectacular”, dice Lucas, a Soy, agitando la bandera de Argentina en San José 1111, afuera de la casa donde la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner cumple prisión domiciliara. Porta la misma diadema con orejas de conejo que usó durante la marcha.

A la par, Cristian agita otra bandera. Ambxs visten remeras que les regalaron conocidos con la estampa de ellxs enfrentando el camión hidrante en la marcha del jueves pasado. Algunos autos que pasan en la calle les respaldan con las bocinas, otras personas se acercan a saludarles, abrazarles o a pedirles una fotografía.

Después de que sus imágenes dieran vueltas Argentina y el mundo, han recibido críticas a favor. Desde algunos sectores del peronismo, dice Cristian, les han criticado por militar con una identidad femenina.

Su popularidad es tal que, en las últimas horas, hasta han creado un videojuego inspirado en la escena de ellxs contra el camión hidrante. Los personajes son ellxs y la trama consiste en enfrentar a las fuerzas de seguridad frente al Congreso Nacional.

Militancia desde abajo

Cristian y Lucas se conocieron por Grindr en 2018. Cuatro años después se casaron y ahora viven juntos a una cuadra de la casa de CFK, donde van casi todos los días a pedir por su libertad, después de trabajar como masajistas.

Cristian tiene 27 años, a sus 15 pasó de vivir en un conventillo a un departamento en Flores. Proveniente de una familia obrera, creció en un hogar donde nunca se habló de política, pero que, en silencio, era peronista y le educó bajo los ideales de la justicia social. En cambio, en la familia de Lucas no había simpatía por el peronismo, pero lo terminaban votando. Elle, que antes se limitaba a ejercer el voto como única forma de participación ciudadana, decidió desde hace cuatro años dejar de ser “cómodx” y politizarse.

Hasta antes de que CFK fuera condenada por la causa Vialidad e impedida de postularse a cualquier cargo público de por vida, no se movilizaban como lo hacen ahora. Comenzaron a salir a las marchas con carteles que decían “Cristina libre” y “Cristina inocente”. Y luego decidieron acompañar todas las luchas, porque para ellxs conducen al mismo lugar: el funcionamiento de una justicia imparcial en un sistema democrático y también la garantía del cumpliento de los derechos humanos para sectores como lxs jubilados, las personas con discapacidad, el colectivo LGBT+ y lxs estudiantes universitarios.

¿Qué hacen cuando no están luchando?

Una vez que Milei llegó al poder y que CFK fue condenada, previeron que el clima social en Argentina sería hostil. Inicialmente iban a las marchas solo con carteles, pero luego la bandera argentina se volvió parte de su outfit. El 6 de agosto, para la marcha contra la extranjerización de tierras, estrenaron una máscara antigás. “Antes íbamos ‘a pelo’ a las marchas”, bromea Lucas.

Fue la máscara las que les permitió estar por varias horas en primera línea enfrentando a la policía en la pasada marcha universitaria. Además de resistir al camión hidrante, a su lado caían granadas de gas lacrimógeno. Su resistencia sorprendía a los médicos de la posta de salud, que en al menos tres ocasiones se les acercaron para preguntarles su estado. Entre la represión, elllxs les sugerían que atendieran a las otras personas, porque la máscara les libraba del picor de los gases.

“Estuvimos un par de horas y, en realidad, nos tuvimos que retirar de la marcha porque estábamos totalmente mojados y Lucas estaba tiritando de frío”, recuerda Cristian, y agrega:. “Obviamente, no vamos a servir de nada si nos morimos en plena batalla”.

Estar constantemente en las marchas, les ha permitido conocer a otras personas, que, como elles, son asiduas a las manifestaciones y que, por temor a represalias del oficialismo, deciden cubrirse el rostro. Con el tiempo, han aprendido a reconocerse, así que también saben que cuando hay personas infiltradas que buscan provocaciones para que finalmente el Gobierno Nacional busque una excusa de doblegar la represión y criminalizar la protesta, como pasó el pasado jueves.

A un año de las elecciones para Presidencia, Cristian cuestiona la apatía de las personas frente a la administración neoliberal de Milei. Y se pregunta: “¿Qué hacen las otras personas que hacen la vista gorda? Yo no entiendo qué están haciendo. ¿Se van a comer un asado con puro pollo? ¿Se van a la fila del boliche y cuando llegan a la puerta se dan cuenta que no tienen plata? ¿Qué hacen cuando no están luchando?”.